La inflación de marzo enfrenta nuevas presiones y podría superar el 3% mensual

El aumento del petróleo por el conflicto en Medio Oriente y subas estacionales refuerzan las expectativas de aceleración inflacionaria en el tercer mes del año.

La inflación de marzo enfrenta nuevas presiones y podría superar el 3% mensual

 

Las proyecciones económicas para marzo comienzan a mostrar señales de una posible aceleración inflacionaria, con estimaciones que ubican el Índice de Precios al Consumidor por encima del 3% mensual. A los factores estacionales habituales de este período, como el inicio del ciclo lectivo y el cambio de temporada en indumentaria, se suman nuevas presiones derivadas del contexto internacional, especialmente el encarecimiento del petróleo por la escalada del conflicto en Medio Oriente, que impacta de forma directa en los combustibles y en los costos de producción.

El escenario se vuelve más complejo si se considera que febrero cerró con una inflación del 2,9%, consolidando una tendencia de varios meses sin desaceleración significativa. Incluso, algunas mediciones privadas sugieren que, con una actualización metodológica en la canasta de consumo, el índice podría haber sido levemente superior. A esto se agrega que la inflación núcleo, que excluye factores estacionales y regulados, mostró una variación del 3,1%, reflejando una persistente inercia en la dinámica de precios.

Según analistas del sector, el aumento del precio internacional del crudo por encima de los 100 dólares genera un efecto transversal sobre la economía, elevando costos logísticos, energéticos y productivos. Esto se combina con recientes ajustes en el transporte público y tarifas, que terminan presionando aún más sobre el índice general de precios y afectan el poder adquisitivo de los salarios. En este marco, especialistas advierten que las empresas que operan con márgenes reducidos podrían enfrentar mayores dificultades, en un contexto de consumo debilitado y actividad económica con signos de estancamiento.

De acuerdo con Ámbito, distintas consultoras privadas coinciden en que marzo es, históricamente, un mes de mayor presión inflacionaria, pero que en 2026 esa dinámica se ve amplificada por factores extraordinarios. En particular, el impacto del encarecimiento energético se suma a los aumentos en educación y transporte, configurando un escenario de mayor complejidad para la política económica.

Algunas mediciones preliminares registraron una desaceleración en la primera quincena del mes, aunque advierten que aún no se reflejan plenamente los aumentos en combustibles y tarifas. Por este motivo, no se descarta un repunte en las próximas semanas. En paralelo, indicadores de alta frecuencia muestran incrementos semanales moderados, pero con componentes regulados y estacionales que ya anticipan una aceleración en el promedio mensual.

Otro punto de preocupación para los economistas es la posibilidad de efectos de segunda ronda, es decir, que estos aumentos puntuales se trasladen a negociaciones salariales y contratos, consolidando niveles de inflación más elevados. Esto plantea un desafío adicional para el Gobierno, que busca sostener el proceso de desaceleración sin afectar aún más el nivel de actividad.

En este contexto, diversos especialistas coinciden en que el programa económico actual enfrenta límites para continuar reduciendo la inflación sin introducir nuevas herramientas. La necesidad de coordinar expectativas, contener los aumentos de costos y evitar un deterioro mayor del consumo aparece como uno de los principales desafíos en el corto plazo, en un escenario atravesado tanto por tensiones internas como por factores externos que escapan al control local.

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