Red provincial de sobrevivientes de violencias que acompañan a otras mujeres

Lidia Ortellado y Andrea Gianatti son sobrevivientes de violencias físicas y psicológica y se capacitaron como Promotoras Territoriales de Prevención de la Violencia de Género en la provincia de Buenos Aires.

Red provincial de sobrevivientes de violencias que acompañan a otras mujeres

 

Lidia Ortellado y Andrea Gianatti sobrevivieron a la violencia física y psicológica del padre de sus hijos, se capacitaron como Promotoras Territoriales de Prevención de la Violencia de Género en la provincia de Buenos Aires y ahora acompañan a otras mujeres, una tarea que consideran sanadora de las heridas emocionales del maltrato.

Lidia: “Mi dolor sirve para poder ayudar a otras”

“Ser promotora es como un alivio”, cuenta a Télam una emocionada Lidia. “Mi dolor sirve para poder ayudar a otras, porque yo sé lo que me va a contar. Quien no pasó por esto no te entiende, piensa que exagerás. Son hechos que te cuesta contar a tus propios hijos. ¿Cómo no te va a costar contarlo a un extraño en una comisaría?”, comparte.

Lidia recupera su voz suave pero firme y asegura que “poder ayudar a otra persona te permite ir tapando las lastimaduras que te dejaron. Tu dolor sirve para que esa mujer sepa que estás ahí, que la entendés porque pasaste por eso, que sabés que no es fácil y que cada una tiene su tiempo para poder denunciar”.

La mujer sabe eso porque lo vivió en carne propia durante los 29 años que estuvo casada con un hombre que ejerció sobre ella todas las violencias.

“Me casé muy joven, a los 16 años, y siempre todo fue maltrato, desde el primer día pero yo no me daba cuenta. Lo tomaba como normal. Yo no aceptaba lo que me estaba sucediendo, era un vínculo horrible, vivía amenazada. Me decía ‘te vas a quedar sin nada, vas a perder a tus hijos, sos una inútil, no vas a salir adelante’. Lo cuento y vuelvo a estar ahí, oyéndolo”, rememora con tristeza.

También sufrió amenazas de muerte: “Te voy a tirar a un zanjón, tus hijos se van a quedar sin madre”.

Lidia remarca: “yo viví todo eso, por eso sé lo que una mujer en situación de violencia me puede contar. En los lugares donde una va a denunciar tendría que haber personas que hayan pasado por esto, eso evitaría esas preguntas que suelen hacer y que generan vergüenza, que incomodan, que dudan de lo que uno cuenta. Por eso me gusta ser promotora, ayudar a las mujeres a denunciar. Eso es un alivio”.

La mujer se refiere así al curso que brinda la Red Provincial por Mujeres Libres de Violencias.

Claudia Carpintero, titular de la organización explica a esta agencia que “partimos de una realidad que es que las mujeres en los territorios, cuando van a denunciar, están solas. Las mesas locales, las áreas de Género funcionan de mañana pero de tarde a noche no tienen quien las acompañe y asista”.

“A partir de nuestra inserción en comedores barriales, merenderos, ONGs, decidimos capacitar a compañeras como promotoras. No necesitan titulación previa y articulamos con la Universidad del Este para otorgar la certificación universitaria que dé cuenta de la capacitación realizada”, precisa Claudia.

La dirigente social destaca que muchas mujeres que logran ser promotoras “no acceden a la universidad y hacerlo a través de esta capacitación es un acto de empoderamiento”.

Andrea: “El curso me ayudó muchísimo a sanar esa violencia que sufrí”

Andrea Gianatti, quien se reconoce como extrabajadora sexual, también hizo el curso y ahora ayuda a sus excompañeras a denunciar la violencia que sufren y que muchas veces es justificada por las autoridades policiales por considerarla un “gaje de oficio”.

“Las trabajadoras sexuales, tanto las de calle o de (departamentos) privados, cuando deben denunciar situaciones de violencia están muy vulnerables. La policía cuando van y denuncian piensan que eso que les pasó ‘es parte del trabajo’, como que son ‘gajes del oficio’, que si estás en ese trabajo tenés que saber y aceptar que te va a pasar eso. Ahí tenemos que insistir en que no pueden desestimar la denuncia y también cuidamos el tipo de preguntas que se les hace”, explica.

La mujer relata que tenía 14 años cuando comenzó a convivir con el padre de sus tres hijos.

“Estuve 10 años con él, 10 años que fueron solamente de violencia de su parte e incluso de la mamá de él, a quien tampoco le importaba si me pegaba y siempre terminaba echándome la culpa a mí”, añade.

Hasta hace dos años fue trabajadora sexual, en la Zona Roja de la ciudad de La Plata.

Cuando dejó la calle comenzó a armar una organización que hoy nuclea a 100 mujeres, quienes se reconocen como trabajadoras sexuales y tienen más de 50 años.

Durante la pandemia, relata Andrea, “asistimos con alimentos y ropa a las compañeras que ya no podían trabajar en la calle o privados. Y cuando venían a retirar mercadería me comentaban muchas veces que sufrían violencia intrafamiliar o de parte de clientes”.

Resalta que “en las primeras clases del curso de capacitación como promotora, una psicóloga nos enseña a darle fuerza a la mujer para que haga la denuncia de situaciones de violencia o de abuso. Hay muchas situaciones de abuso sexual en la infancia que no se cierran nunca, pero al denunciar se sienten más libres y por eso en el curso nos enseñan a empoderarlas para el momento de la denuncia”.

Andrea repudia la actitud policial de minimizar estos incidentes y encuadrarlos en “gajes de oficio” y asegura que el curso la hizo “más fuerte” al momento de acompañar y “la compañera al saber que una tiene un certificado de Promotora siente alivio. Vamos más fuertes a hacer la denuncia”

“El curso me ayudó muchísimo a sanar esa violencia que sufrí con mi pareja y a estar más fuerte cuando iba con una compañera a denunciar una violencia”, concluye.

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