China muestra señales de recuperación, pero crecen las alertas por el contexto internacional
La producción industrial y el consumo repuntaron a comienzos de 2026, aunque el desempleo, la crisis inmobiliaria y la tensión en Medio Oriente generan incertidumbre.
La economía china comenzó el año con indicadores más dinámicos de lo previsto, impulsados por una mejora en la producción industrial y un repunte del consumo durante los primeros meses de 2026. Sin embargo, este desempeño convive con señales de fragilidad estructural y con un contexto internacional que podría condicionar la evolución del crecimiento en el corto plazo.
En el bimestre enero-febrero, la producción industrial registró una expansión interanual del 6,3%, superando tanto el dato previo como las proyecciones del mercado. Este crecimiento estuvo motorizado, en gran medida, por el dinamismo de sectores vinculados a la tecnología y la innovación, en particular aquellos asociados a la inteligencia artificial y la manufactura de alto valor agregado, que continúan consolidándose como ejes centrales de la estrategia económica del país.
El consumo también evidenció una recuperación, con un aumento del 2,8% en las ventas minoristas, favorecido en parte por el impacto del Año Nuevo Lunar, que impulsó el turismo y el gasto interno. No obstante, algunos indicadores sugieren que esta mejora aún es parcial: el gasto promedio por viaje doméstico mostró una leve caída y sectores como el automotor registraron fuertes retrocesos en sus ventas, lo que refleja una persistente cautela por parte de los hogares.
Según Ámbito, la inversión en activos fijos también sorprendió positivamente al crecer 1,8%, en contraste con las expectativas de contracción, impulsada principalmente por proyectos de infraestructura respaldados por políticas públicas. Sin embargo, este repunte convive con un deterioro sostenido del sector inmobiliario, que continúa en recesión y acumula más de dos años de caída en los precios de las viviendas, afectando directamente la riqueza de los hogares y la demanda interna.
A esto se suma un incremento en la tasa de desempleo, que alcanzó el 5,3%, lo que introduce un factor adicional de presión sobre el consumo y las perspectivas de crecimiento. La debilidad del crédito también refuerza este panorama, con una fuerte desaceleración en la concesión de préstamos durante febrero, lo que podría limitar la capacidad de expansión de la economía.
En paralelo, el contexto internacional aparece como un elemento clave de incertidumbre. La escalada del conflicto en Medio Oriente y su impacto sobre los precios del petróleo representan un riesgo significativo para China, dada su alta dependencia energética. Las tensiones en el estrecho de Ormuz, una de las principales rutas de abastecimiento, generan preocupación sobre la estabilidad del suministro y la evolución de los costos energéticos.
Si bien las autoridades chinas consideran que cuentan con herramientas para amortiguar estos shocks externos, reconocen que el impacto sobre la inflación y la actividad deberá ser monitoreado de cerca en los próximos meses. El aumento reciente de los precios ya comienza a reflejarse en los indicadores internos, lo que podría complejizar aún más el equilibrio entre crecimiento y estabilidad.
En este marco, el gobierno fijó una meta de expansión para 2026 de entre 4,5% y 5%, un rango inferior al de años anteriores y que refleja un escenario más moderado. La combinación de desafíos internos —como la crisis inmobiliaria y el debilitamiento del consumo— junto con factores externos como la volatilidad energética y las tensiones geopolíticas, configuran un panorama en el que la recuperación, aunque visible, se mantiene condicionada por múltiples riesgos.

