El consumo masivo volvió a caer en noviembre pese a la desaceleración de la inflación

El organismo elevó al 5% su previsión para 2025 y al 4,5% para 2026, aunque alertó sobre desequilibrios en el sector inmobiliario, deuda local y débil demanda interna. También reclamó avanzar hacia un modelo basado en el consumo.

 

La desaceleración de la inflación no alcanzó para reactivar el consumo masivo en noviembre, mes en el que se registró una nueva caída de las ventas en volumen, tanto en la comparación mensual como interanual. De acuerdo con relevamientos privados difundidos en las últimas horas, el consumo retrocedió 1,8% respecto de octubre y 0,1% frente al mismo mes del año anterior, consolidando un 2025 atravesado por la contracción del gasto cotidiano de los hogares.

Si bien el Índice de Precios al Consumidor del INDEC mostró en noviembre una variación del 2,5% y un acumulado anual cercano al 28%, el alivio inflacionario no se tradujo en una mejora del poder de compra. Por el contrario, los consumidores continúan ajustando cantidades, reduciendo tickets y priorizando gastos esenciales, en un contexto donde los salarios todavía no lograron recomponerse plenamente tras el ajuste fiscal y la recesión del primer semestre del año.

Según el último informe de Scentia, la caída del consumo no responde únicamente a la evolución de los precios, sino a factores estructurales más profundos. Entre ellos se destacan el deterioro del ingreso real, la mayor precariedad laboral y el aumento del peso de los gastos fijos del hogar, que desplazan al consumo masivo dentro del presupuesto familiar. El resultado es un cambio sostenido en los hábitos de compra: adquisiciones más frecuentes pero de menor monto, menor stockeo y una marcada migración hacia marcas económicas, promociones y presentaciones pequeñas, un fenómeno conocido como downtrading que atraviesa la mayoría de las categorías.

El impacto de la retracción no es homogéneo entre los distintos canales. Los comercios de cercanía y autoservicios independientes aparecen como los más golpeados en términos de volumen, mientras que las grandes cadenas logran amortiguar parcialmente la caída mediante promociones agresivas, acuerdos con proveedores y herramientas de financiamiento. Aun así, el balance general continúa siendo negativo. El canal online, por su parte, gana participación en rubros puntuales como perfumería y farmacia, pero no alcanza a compensar la baja general del consumo masivo.

Un análisis complementario de NielsenIQ coincide en que, pese a una mejora en la confianza del consumidor y a la desaceleración inflacionaria, la recuperación del consumo sigue siendo débil y despareja. El informe señala que, aunque el consumo de bienes de rápida rotación mostró una leve mejora en 2025 tras el fuerte desplome del año anterior, perdió dinamismo desde mitad de año, condicionado por la lenta recomposición de los ingresos y la persistente incertidumbre macroeconómica.

En ese marco, los salarios continúan siendo el principal límite para una recuperación sostenida, especialmente en los hogares de ingresos medios y bajos. Además, el creciente peso de los servicios y gastos del hogar reduce la capacidad de compra, mientras que las promociones —en niveles históricamente elevados— ya no logran impulsar el volumen vendido en góndola.

De cara a 2026, las consultoras anticipan una recuperación gradual y moderada, atada a una mejora sostenida del ingreso real, mayor previsibilidad macroeconómica y un consumidor cada vez más racional, sensible al precio y dispuesto a alternar entre canales. Por ahora, el consumo masivo sigue funcionando como uno de los principales termómetros sociales del ajuste económico: menos compras, mayor cautela y un cambio estructural en la forma de consumir.

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