El oro y la plata marcaron nuevos récords impulsados por la tensión global y expectativas de tasas más bajas
El aumento de los conflictos geopolíticos y las apuestas a recortes de tasas en Estados Unidos fortalecieron la demanda de metales preciosos, que atraviesan su mejor desempeño anual en décadas.
Los precios del oro y la plata alcanzaron máximos históricos en los mercados internacionales, en un contexto marcado por el recrudecimiento de las tensiones geopolíticas y por las crecientes expectativas de que la Reserva Federal de Estados Unidos recorte las tasas de interés en los próximos años. Ambos factores reforzaron el atractivo de los metales preciosos como activos de refugio y consolidaron uno de los mejores desempeños anuales de las últimas cuatro décadas.
El oro superó su récord previo al avanzar más de 1,5% y ubicarse por encima de los US$4.380 la onza, mientras que la plata trepó hasta 3,4% y se acercó a los US$70. Con estas subas, los dos metales se encaminan a cerrar el año con su mayor rendimiento desde fines de la década de 1970, en un escenario de alta volatilidad financiera y política.
El impulso reciente estuvo vinculado a la percepción de que la Reserva Federal podría aplicar al menos dos recortes de tasas en 2026, especialmente tras los últimos datos de inflación y empleo en Estados Unidos, que mostraron señales de moderación. Las tasas más bajas suelen favorecer a los metales preciosos, que no ofrecen rendimiento financiero, pero preservan valor frente a contextos de incertidumbre.
A este panorama monetario se sumó el agravamiento de los conflictos internacionales. La intensificación del bloqueo petrolero de Estados Unidos contra Venezuela y los ataques ucranianos a embarcaciones vinculadas a Rusia reforzaron la demanda de activos considerados seguros. En ese marco, el oro acumula una suba cercana al 70% en lo que va del año, sostenida también por las fuertes compras de bancos centrales y el ingreso constante de fondos hacia los ETF respaldados por lingotes, según datos de mercado relevados por Bloomberg.
Analistas del sector señalan que el interés por el oro responde, además, al temor de una pérdida de valor de las monedas y de los bonos soberanos, en un contexto de elevados niveles de deuda global. Este fenómeno, conocido como debase trade, incentivó la búsqueda de cobertura frente a la erosión del poder adquisitivo de los activos financieros tradicionales.
Otros metales preciosos también acompañaron la tendencia alcista. El platino superó los US$2.000 por onza por primera vez desde 2008 y acumula una revalorización cercana al 125% en el año, mientras que el paladio registró subas superiores al 4%. La firme demanda física, las distorsiones en la oferta y el reposicionamiento de inversores institucionales explican parte de este movimiento.
Desde bancos de inversión internacionales advierten que el rally podría extenderse en 2026. Proyecciones recientes de Goldman Sachs, por ejemplo, ubican al oro en torno a los US$4.900 la onza en su escenario base, con riesgos al alza si persisten las tensiones geopolíticas y la política monetaria se vuelve más flexible.
Con la combinación de riesgos globales, expectativas de tasas más bajas y un cierre de año con baja liquidez, los metales preciosos vuelven a ocupar un lugar central en las estrategias de cobertura, consolidándose como uno de los activos más destacados del escenario financiero internacional.

