Japón habría frenado nuevas intervenciones tras gastar miles de millones para sostener al yen

Las autoridades japonesas habrían evitado actuar nuevamente en el mercado cambiario luego de una fuerte ola de compras de yenes durante la Semana Dorada. Analistas estiman que el Gobierno ya desembolsó más de US$30.000 millones para contener la depreciación de la moneda.

 

El Gobierno de Japón habría decidido pausar sus intervenciones en el mercado cambiario luego de las fuertes acciones desplegadas durante el feriado extendido de la Semana Dorada para respaldar al yen frente al dólar, en medio de la creciente presión sobre la moneda japonesa.

La evaluación surge a partir de estimaciones construidas sobre datos publicados por el Banco de Japón, que fueron analizados por operadores y especialistas financieros para determinar si las autoridades volvieron a intervenir durante el jueves, primer día hábil de la semana en el país asiático.

De acuerdo con el análisis difundido por Bloomberg Línea, las diferencias mínimas entre las previsiones oficiales y las estimaciones privadas sobre los movimientos de fondos en la cuenta corriente del banco central sugieren que no hubo nuevas operaciones extraordinarias en el mercado de divisas.

Las cifras aparecen en un contexto de fuerte seguimiento internacional sobre las acciones del Ministerio de Finanzas japonés, mientras analistas intentan calcular la magnitud total de las compras de yenes y compararlas con las intervenciones realizadas en 2024 para frenar la caída de la moneda.

Los datos revisados publicados por el Banco de Japón indican que el Gobierno habría gastado alrededor de US$30.600 millones durante el período festivo para sostener el valor del yen. Las estimaciones señalan que la intervención total durante la Semana Dorada alcanzó aproximadamente 8,65 billones de yenes.

El movimiento ocurrió luego de que la moneda japonesa registrara una fuerte apreciación y alcanzara un máximo de 155,04 yenes por dólar, el nivel más fuerte en diez semanas. Posteriormente, el mercado volvió a moderar esas ganancias, manteniendo la atención sobre la zona de 160 yenes por dólar, considerada un umbral sensible para las autoridades japonesas.

Ese nivel ya había motivado múltiples intervenciones oficiales durante 2024, cuando el Gobierno buscó contener la depreciación acelerada de la moneda frente al fortalecimiento global del dólar y las diferencias de tasas de interés con Estados Unidos.

Dentro del mercado financiero persisten diferencias sobre qué indicadores ofrecen una lectura más precisa de las intervenciones oficiales. Algunos operadores consideran más confiables las proyecciones iniciales del Banco de Japón, mientras que otros advierten que las cifras revisadas posteriores pueden verse alteradas por factores fiscales adicionales, como pagos de impuestos o pensiones.

En esta ocasión, una revisión particularmente elevada en los aportes del tesoro a la cuenta corriente del banco central despertó nuevas dudas entre los analistas. El ajuste alcanzó 1,5 billones de yenes, un monto considerado inusual por los especialistas.

Yuichiro Takai, investigador de Totan Research, explicó que las variaciones podrían haber estado influenciadas por movimientos relacionados con el pago de impuestos y operaciones de bancos centrales extranjeros que mantienen depósitos en el Banco de Japón.

Según el especialista, las previsiones iniciales suelen reflejar con mayor precisión las intervenciones cambiarias porque el propio Banco de Japón es el encargado de ejecutar esas operaciones en el mercado.

Aun así, algunos operadores consideran que la magnitud del dinero utilizado este año revela mayores dificultades para contener la depreciación del yen respecto de campañas anteriores. De acuerdo con ciertas estimaciones basadas en las proyecciones iniciales, el monto acumulado de intervenciones en 2026 podría haber alcanzado ya los 10,08 billones de yenes.

El dato alimenta la percepción de que las autoridades japonesas están necesitando mayores volúmenes de recursos para intentar estabilizar la moneda, en un escenario internacional todavía marcado por volatilidad financiera, presión cambiaria y expectativas sobre la política monetaria global.

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