El oro pierde impulso y la política monetaria de Estados Unidos vuelve a marcar el rumbo del mercado
Las expectativas sobre las decisiones de la Reserva Federal desplazaron a los precios de la energía como principal factor de influencia sobre el oro, en un escenario de menor demanda inversora y desaceleración de algunos mercados asiáticos.

El mercado internacional del oro atraviesa una nueva etapa de reacomodamiento en la que las decisiones de la Reserva Federal de Estados Unidos comienzan a tener un peso determinante en la evolución de los precios.
Según un informe elaborado por Deutsche Bank, las expectativas sobre la política monetaria estadounidense desplazaron a los precios del petróleo como principal variable de referencia para el metal precioso, modificando la dinámica que había predominado durante los últimos meses.
La entidad revisó sus proyecciones y estimó que el oro promediará los US$4.631 por onza durante 2026, con un valor cercano a los US$4.800 hacia finales de año, por debajo de los máximos registrados durante el primer trimestre.
El cambio de escenario coincide con una mayor cautela de los mercados respecto a las futuras decisiones de la Reserva Federal, especialmente ante la posibilidad de que las tasas de interés permanezcan elevadas durante más tiempo del previsto.
Los analistas consideran que una inflación persistente y una economía estadounidense que continúa mostrando signos de fortaleza podrían llevar a una postura monetaria más restrictiva, reduciendo parte del atractivo tradicional del oro como activo de refugio.
La nueva coyuntura también coincide con una desaceleración de algunos de los factores que habían sostenido el fuerte crecimiento del metal durante los últimos años.
Por un lado, se observa una disminución en los flujos de inversión hacia fondos cotizados respaldados por oro, mientras que los mercados de futuros muestran un menor nivel de actividad y una reducción de las posiciones especulativas.
A esto se suma una moderación de la demanda en Asia. Tanto China como India, dos de los principales consumidores mundiales del metal, exhiben señales de desaceleración que podrían impactar sobre el mercado físico durante los próximos meses.
En China, la estabilización de algunos sectores económicos y la fortaleza del yuan reducen parcialmente la necesidad de utilizar el oro como mecanismo de resguardo patrimonial. En India, por su parte, nuevas medidas fiscales podrían limitar el ritmo de las importaciones.
Sin embargo, uno de los pilares que continúa sosteniendo al mercado es la demanda proveniente de los bancos centrales. Las autoridades monetarias de numerosos países, especialmente de economías emergentes, mantienen una estrategia activa de acumulación de reservas de oro como mecanismo de diversificación financiera.
Los especialistas consideran que el comportamiento futuro del metal dependerá fundamentalmente de tres variables: la evolución de la inflación en Estados Unidos, las decisiones que adopte la Reserva Federal respecto a las tasas de interés y la continuidad de las compras realizadas por los bancos centrales alrededor del mundo.
En ese contexto, el oro continúa siendo un activo estratégico para los inversores, aunque con un escenario mucho más condicionado por la política monetaria global que por las tensiones energéticas que habían dominado los mercados durante los últimos meses.
