Sin muchas coincidencias empresarios y el Gobierno discutieron sobre el impuesto a la renta inesperada, la inflación y el plan económico

La Asociación Empresaria Argentina fue muy crítica del déficit y el gasto, afirmaron que el país es “una máquina de expulsar” y que “no ofrece ningún tipo de futuro”. Guzmán pidió a las compañías “compartir” el crecimiento y desafió la queja por la presión fiscal.

 

Apenas horas después de su presentación oficial en sociedad, los empresarios más importantes de la Argentina y el Gobierno escenificaron en la cumbre de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) la discusión abierta sobre el nuevo impuesto a la renta inesperada, que se llevó la atención y las críticas más sonoras por parte del círculo rojo.

Como clima general, más allá de la fría y nebulosa mañana de martes en que se realizó la velada por los 20 años de la institución, los hombres de negocios que se protagonizaron dos paneles entre medio del mensaje grabado del presidente Alberto Fernández y la exposición de Martín Guzmán plasmaron un diagnóstico muy crítico sobre la coyuntura económico, aunque según algunos de los propios ejecutivos presentes e incluso entre los pocos funcionarios nacionales que se acercaron al hotel Sheraton, con palabras y expresiones bastante más duras y filosas de lo habitual.

“Más que al éxito la Argentina parece condenada al fracaso”, “el país es una máquina de expulsar que no para”, “a mis hijos le voy a dejar un país peor del que recibí”, “la decadencia argentina”, “no ofrecemos ningún tipo de futuro”, “si no saben qué hacer, no hagan nada” y hasta alusiones a la necesidad de alejar fantasmas de un modelo comunista fueron textuales de las dos horas de exposiciones de los siete CEOs que tomaron la palabra a lo largo del evento.

Minutos después de un muy tibio aplauso de la concurrencia de AEA -un foro en el que había ya estado presente Alberto Fernández en diciembre de 2019, pocos días después de asumir en la Casa Rosada-, un primer panel integrado por Héctor Magnetto (Grupo Clarín), Alberto Hojman (BGH) y Luis Pagani (Arcor) apuntó contra la falta de condiciones de inversión y disparó, como señal de largada, contra el impuesto a la renta inesperada, la última medida con impacto en un puñado de compañías con altos ingresos y que recién ingresará para su discusión en el Congreso en los próximos días. En segunda instancia subieron al escenario Martín Migoya (Globant), Federico Braun (La Anónima), Paolo Rocca (Techint) y Carlos Miguens (Grupo Miguens).

El anuncio del nuevo tributo contó con el rechazo preliminar del empresariado más allá de que, por lo bajo, admite que esperan conocer la letra chica y eventual reglamentación para saber su alcance real. “Pagamos más de 160 impuestos, esto desalienta la inversión”, mencionaba un ejecutivo integrante de la Asociación -que celebró sus 20 años- antes del arranque de las exposiciones. Fue una tesis, de todas formas, disputada por Guzmán: “¿Quién de los que están acá paga 165 impuestos?”, preguntó al aire e hizo unos segundos de silencio. “Nadie”, se respondió.

No solo suben los impuestos distorsivos sino también ahora uno confiscatorio”, dijo Magnetto en referencia al impuesto a la renta inesperada. El presidente de AEA Jaime Campos fue menos terminante: “el empresariado con el tiempo, no solo con este Gobierno pero aparece un nuevo impuesto, y otro más, entonces ese es el punto. No un impuesto puntual, sino cuál es la dirección hacia adelante. ¿Vamos hacia un país con más o menos impuestos? Con responsabilidad, nadie está hablando de eliminarlos, eso no existe. El tema es la tendencia”, dijo anteInfobae y otros medios tras la finalización del evento.

Guzmán buscó ante la dura platea empresaria de de CEOs nucleados en AEA defender su gestión en términos generales y en particular ensayar una explicación sobre por qué el Gobierno considera necesario un impuesto como el de la renta inesperada. “La renta inesperada no es un nuevo impuesto; es una sobre-alícuota en un año de guerra que ha generado un gran problema distributivo en todo el mundo. El Estado tiene una responsabilidad en la construcción de reglas de juego para una sociedad que progrese; y no hay progreso si el crecimiento no es compartido”, mencionó.

Cerca del ministro la lectura del contrapunto abierto con los principales empresarios por la alícuota extra de Ganancias fue por la positivo y señalaron que es “sintomático” que un foro como el de la Asociación Empresaria Argentina cuestionara en esos términos la medida recién salida de los despachos oficiales, pero aún con un largo trajín parlamentario por delante.

Más allá de alguna coincidencia puntual sobre, por ejemplo, algunas oportunidades que la coyuntura global por la guerra en Ucrania pueda entregar para la Argentina, las distancias fueron muy amplias sobre la visión de AEA y el Gobierno, representado por Fernández y Guzmán. En términos de impacto de inflación, durante las exposiciones los empresarios la atribuyeron a cuestiones especialmente macro como el aumento del gasto público y el déficit fiscal, como principal determinante.

Algunos de los CEOs aprovecharon sus minutos de exposición para hablar de inversiones a futuro, como Alberto Hojman o Carlos Miguens. Uno que se diferenció de sus pares en el tono de su discurso fue Paolo Rocca, que invitó a “quedarse en el país” y dijo que “no es tiempo de irse”. Su compañía quedó en el ojo de la tormenta por el cruce interno en el Gobierno por la licitación del gasoducto de Vaca Muerta. Tanto el jefe del Grupo Techint como Guzmán defendieron la adjudicación de los materiales para esa obra.

Rocca negó corrupción o un direccionamiento de las condiciones del pliego hacia su compañía y el ministro de Economía habló de que las especificidades técnicas respondían a “las necesidades que tiene la Argentina”, en referencia a la prisa con la que el Gobierno busca avanzar en la construcción del gasoducto. El propio Rocca estimó que el país se ahorraría con esa obra de infraestructura hasta USD 3.000 millones de importaciones de gas el año próximo.

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