Fisuras en Balcarce 50: la derrota legislativa que encendió alarmas y reavivó fantasmas de una interna libertaria

El traspié con la ley de Propiedad Privada expuso las grietas en la estrategia política del oficialismo, generó cruces internos y sembró dudas entre los gobernadores aliados, mientras en el Gobierno crece la preocupación por el escenario electoral que se avecina.

 

El revés que sufrió el oficialismo en el Senado con la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada no fue un simple traspié legislativo. Puertas adentro de la Casa Rosada, el episodio desnudó un malestar profundo que venía gestándose desde hace meses y que ahora, a poco más de un año de las elecciones, amenaza con convertirse en un dolor de cabeza mayor para la cúpula libertaria.

Todo comenzó con un mensaje de WhatsApp. Un miembro de la Mesa Política recibió, a menos de 48 horas de la votación, el texto de un allegado de confianza que le advertía: “No dejes que vendan la tierra”. Esa simple notificación fue la señal que terminó de confirmar lo que muchos ya intuían: la batalla cultural por ese proyecto estaba perdida. El Gobierno había subestimado el clima de época, esa nueva oleada nacionalista que recorría el país después del Mundial, y terminó pagando el costo político de no haber medido adecuadamente el pulso social. La sesión se saldó con una media sanción vacía, porque los capítulos más conflictivos —el de tierras y el de manejo del fuego— quedaron en el camino, y con ellos, gran parte del capital político que el oficialismo había invertido en la iniciativa.

El primer movimiento instintivo del Ejecutivo fue buscar un chivo expiatorio. Varios funcionarios comenzaron a filtrar críticas hacia el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, señalándolo como el responsable intelectual del desastre. Sin embargo, esa cortina de humo duró poco. Dentro del propio Gobierno saben que Sturzenegger es un técnico, no un operador político. “Él piensa reformas desde el escritorio, pero el problema fue de gestión, no de diseño”, reconoció una fuente cercana al despacho presidencial. Javier Milei mantuvo una conversación con él en los días posteriores, pero no hubo retos ni desplantes. La orden fue otra: que la Mesa Política hiciera una autocrítica en serio.

Y esa autocrítica llegó, aunque en privado. “El error fue nuestro, porque la orden de tratar el proyecto siempre vino de Casa Rosada”, admitió sin vueltas uno de los integrantes más influyentes de la mesa. El diagnóstico que circula entre los pasillos de Balcarce 50 es contundente: el Gobierno perdió el control de la narrativa, confió en un dictamen que ya tenía media sanción en Diputados y no supo leer que los gobernadores, esos aliados estratégicos que tantas veces les salvaron las papas, esta vez no estaban dispuestos a remar a favor.

Nombres como Gustavo Sáenz, Hugo Passalacqua, Osvaldo Jaldo, Raúl Jalil y Rolando Figueroa, que en otras votaciones fueron puntales del oficialismo, brillaron por su ausencia en el apoyo. En el Senado, los libertarios sintieron el peso de una ausencia fantasmal: la de Sergio Massa, cuyo nombre flotó en cada negociación como un recordatorio de que el peronismo sigue tenendo capacidad de tejer alianzas invisibles. “Los gobernadores que creíamos nuestros no nos respondieron. Me preocupa que esto se repita”, confesó un senador violeta con tono sombrío.

La pregunta que ahora recorre el oficialismo es si esta fue una excepción o el anticipo de un escenario más complejo. Quienes habitan el Congreso aseguran que el panorama se volvió neblinoso. “Lo de esta semana me hizo perder la brújula. No sé si el gobernador que dice querer acordar conmigo nos va a apoyar o si me voy a encontrar con José Mayans seduciendo a una senadora que hasta ahora venía con nosotros”, admitió un legislador en off.

En medio de este clima, desde el núcleo duro del Gobierno, el karinismo, volvieron a apuntar contra Patricia Bullrich. La acusan de manejar el Senado con un estilo unipersonal que desorienta a los propios senadores, de no realizar sesiones semanales con la frecuencia necesaria y de no poder mostrar resultados concretos en términos de producción legislativa. La jefa del bloque libertario en la Cámara alta, por su parte, atribuyó la caída de los capítulos a la especulación de los gobernadores y al desgaste que sufrió la imagen del oficialismo por el affaire Adorni.

Precisamente, la sombra del exvocero presidencial volvió a aparecer en las conversaciones de los pasillos. Varias fuentes consultadas por este medio coincidieron en que, con Adorni, existía un canal más fluido para escuchar las verdades incómodas de cada sector. “Todo lo que se habla en la Mesa Política es una mentira. Ahí son todos hipócritas”, disparó un funcionario con acceso a primera línea, añorando la dinámica anterior donde el otrora jefe de Gabinete cumplía un rol de equilibrista entre las distintas facciones.

La Mesa Política, que nació como un intento de ordenar las negociaciones después de la derrota bonaerense, demostró esta semana que su funcionamiento tiene más fisuras que aciertos. El esquema que repartía roles —Bullrich en el Senado, Martín Menem en Diputados, Diego Santilli y Lule Menem con los gobernadores— resultó una quimera. “¿Sabés quién negoció los votos en el Senado? Todos. Volvimos a lo mismo, pero con más actores”, se quejó un legislador que vivió la secuencia desde adentro.

De cara al futuro, el Gobierno ya tiene una hoja de ruta: una sesión programada para el 26 de agosto donde buscará dar tratamiento exprés a proyectos como la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, la modificación de Inocencia Fiscal y el Tratado de Cooperación en Materia de Patentes. Sin embargo, el optimismo escasea. Algunos operadores admiten que el verdadero desafío llegará con la Reforma Política y el Presupuesto 2027, dos iniciativas que el mercado sigue con lupa y que exigirán un nivel de consenso que hoy parece lejano.

Mientras tanto, en el horizonte electoral, el fantasma de una interna libertaria comienza a tomar cuerpo. Los gobernadores ya especulan con que la principal amenaza para Milei no viene del peronismo —que aún no encuentra un candidato fuerte— sino de su propia tropa. “Si no se suspenden las PASO, el mayor riesgo no es Mauricio Macri, es Patricia”, aseguró un mandatario provincial. Y aunque desde el círculo más íntimo del Presidente aseguran que no les preocupa una eventual competencia porque “Javier le va a ganar”, lo cierto es que la simple posibilidad de que Bullrich decida dar el paso alimenta un escenario de incertidumbre que ninguno de los sectores se anima a descartar. La foto de la Vicejefa libertaria sentada en el Congreso, rodeada de sus senadores, ya no es solo una imagen de gestión: es, para muchos, el símbolo de una puja de poder que recién comienza.

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