Un día después de la renuncia de Kurz, Austria tiene nuevo jefe de gobierno

El miércoles pasado la Fiscalía de Austria informó que Sebastian Kurz era sospechoso de haber usado fondos gubernamentales para asegurarse una cobertura mediática favorable, tras la dimisión del sábado, el presidente designó al diplomático Alexander Schallenberg como jefe del gobierno.

Un día después de la renuncia de Kurz, Austria tiene nuevo jefe de gobierno

 

El presidente de Austria, Alexander van der Bellen, designó este domingo al diplomático Alexander Schallenberg como jefe del gobierno, 24 horas después de que se anunciara la renuncia de Sebastian Kurz tras el escándalo de corrupción en el que se vio envuelto.

El nombramiento de Schallenberg, señalado como sucesor por el propio Kurz, fue aprobado de inmediato por el vicecanciller Werner Kogler, líder de los ecologistas, que junto a los conservadores del Partido Popular (Oevp) seguirán componiendo la coalición gobernante tras los cambios.

“Esta crisis de gobierno terminó”, declaró Van der Bellen, y agradeció al canciller saliente haber dado un paso al costado, con el que “evitó daños a la República”, según la agencia de noticias ANSA.

Asimismo, Van der Bellen se disculpó por la “imagen que la política dio” estos días, se quejó de que la confianza en las instituciones fuera “una vez más profundamente sacudida” y agregó que “el trabajo por nuestro país puede ir hacia adelante”.

El juramento de Schallenberg está programado para este lunes a las 13 (las 8 en la Argentina).

El diplomático de 52 años, divorciado y padre de cuatro hijos, tendrá ahora la tarea de reconstruir la imagen del Ejecutivo, dañada por el escándalo que estalló hace cuatro días.

Schallenberg acudió este domingo por la mañana al palacio presidencial en Viena y habló de “una tarea y un tiempo extremadamente exigentes, nada fácil para ninguno de nosotros”.

“Creo que estamos mostrando un increíble nivel de responsabilidad para este país”, remarcó.

El miércoles pasado la Fiscalía de Austria informó que Kurz era sospechoso de haber usado fondos gubernamentales para asegurarse una cobertura mediática favorable y, por eso, ordenó el allanamiento de la sede de su partido, el Partido Popular Austríaco (OPV) y de varios despachos de la Cancillería.

Las imágenes del operativo judicial y las protestas sociales en su contra fueron la gota que rebasó el vaso para Los Verdes, el socio minoritario del Gobierno.

La investigación de la Fiscalía sigue unas encuestas que supuestamente encargó el Ministerio de Finanzas de Austria en las que Kurz y el Partido Popular Austríaco salían favorecidos y que aparecieron en un grupo de medios del país.

Los investigadores creen que la cartera de Finanzas desvió fondos públicos para los sondeos que, a juicio del fiscal, estaban “exclusivamente motivados para el avance político del partido”. Su publicación en un grupo mediático aliado estuvo acompañado de una cooperación publicitaria de más de 1,1 millones de euros.

El viernes, Kogler aseguró que Kurz “ya no era apto para ejercer sus funciones” y le pidió al OPV que proponga de inmediato un reemplazo que no esté manchado con denuncias.

“Hagamos lo correcto y pensemos en primer lugar en nuestra Austria”, exhortó del líder de los ecologistas.

Kurz, acusado de incitar al pago de sobornos, rechazó las acusaciones en su contra.

Según los analistas, la línea del ejecutivo de Viena no debería cambiar de modo significativo. La líder de la oposición socialdemócrata, Pamela Rendi-Wagner, denuncia la existencia de un “sistema Kurz”, con su permanencia de facto en el poder como “canciller fantasma”, tras haber encabezado dos gobiernos en los últimos cuatro años.

Después de todo, el político de 35 años, que en los últimos años batió todos los récords de precocidad en la política austriaca, convirtiéndose en el más joven subsecretario, ministro de Relaciones Exteriores y canciller, permanecerá en el Parlamento y liderará el Partido Popular austriaco.

Ya en 2019 Kurz había conseguido superar la crisis que había provocado la caída de su primer gobierno, al ser reelegido tras el llamado “Ibizagate”, el escándalo de corrupción que había agobiado a sus aliados en ese momento, la extrema derecha del Partido de la Libertad (Fpoe).