Rusia intensifica su ofensiva y vuelve a emplear el misil balístico Oreshnik contra Ucrania

Moscú lanzó un ataque masivo con misiles y drones que incluyó el uso de una de sus armas más avanzadas. El bombardeo dejó muertos, heridos y daños a infraestructura crítica en medio del invierno europeo.

Rusia intensifica su ofensiva y vuelve a emplear el misil balístico Oreshnik contra Ucrania

 

Rusia llevó a cabo este viernes una nueva ofensiva de gran escala contra Ucrania que incluyó el lanzamiento de un misil balístico Oreshnik, un sistema hipersónico de última generación que no había sido utilizado en más de un año. El ataque se produjo durante la madrugada, en un contexto de temperaturas extremas y con múltiples ciudades ucranianas bajo alerta aérea.

Según informó el Ministerio de Defensa ruso, las Fuerzas Armadas lanzaron un bombardeo “masivo” con armas de largo alcance desde plataformas terrestres y marítimas, entre ellas el sistema móvil de misiles de alcance medio Oreshnik. Se trata de un proyectil capaz de portar múltiples ojivas y de transportar cargas convencionales o nucleares, lo que refuerza su valor estratégico.

Aunque Moscú no precisó el punto exacto de impacto del misil, autoridades de la ciudad occidental de Leópolis (Lviv) reportaron explosiones y confirmaron que un misil balístico alcanzó una instalación de infraestructura crítica. La Fuerza Aérea de Ucrania indicó que el proyectil se desplazaba a una velocidad cercana a los 13.000 kilómetros por hora, unas diez veces la velocidad del sonido, y señaló que el tipo exacto de misil será confirmado tras el análisis de los restos.

El Oreshnik fue utilizado por primera vez en noviembre de 2024, durante un ataque contra la ciudad de Dniéper, aun cuando el sistema no estaba completamente desarrollado. En las últimas semanas, Rusia había difundido imágenes de su despliegue en Bielorrusia, país aliado de Moscú.

Desde Kiev, el ministro de Asuntos Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, advirtió que el uso de este tipo de armamento cerca de las fronteras de la Unión Europea y de la OTAN representa “una grave amenaza para la seguridad del continente” y reclamó una respuesta firme de la comunidad internacional.

Las autoridades rusas justificaron el ataque como represalia por un supuesto intento ucraniano de atacar una residencia del presidente Vladimir Putin, una acusación que fue puesta en duda por evaluaciones de inteligencia estadounidense. El bombardeo se produjo además en un momento de intensas gestiones diplomáticas encabezadas por el presidente estadounidense Donald Trump para explorar una salida negociada al conflicto.

En total, Rusia lanzó 36 misiles y 242 drones durante la noche del jueves, según la Fuerza Aérea ucraniana. En Kyiv, los ataques comenzaron cerca de la medianoche, con drones impactando en zonas residenciales. Amplios sectores de la capital quedaron sin electricidad, mientras la temperatura descendía hasta los –5 °C.

El alcalde de Kyiv, Vitali Klitschko, confirmó la muerte de al menos cuatro personas y una decena de heridos, además de daños en infraestructura esencial. En Leópolis, en cambio, no se registraron víctimas, y las autoridades locales señalaron que los edificios residenciales no resultaron afectados.

Los ataques se inscriben en una estrategia sostenida de Moscú contra la infraestructura energética ucraniana, una táctica ya utilizada en inviernos anteriores. Decenas de miles de personas han quedado sin suministro eléctrico ni calefacción, lo que agrava la situación humanitaria.

El presidente Volodymyr Zelensky sostuvo que estos bombardeos buscan “generar caos y ejercer presión psicológica sobre la población”. Las ofensivas coincidieron con advertencias previas de la embajada de Estados Unidos en Ucrania sobre la posibilidad de un ataque aéreo significativo, así como con un aumento de las tensiones entre Washington y Moscú tras la incautación de un buque petrolero de bandera rusa.

En este escenario, el conflicto entra en una nueva fase de escalada militar, mientras los esfuerzos diplomáticos para alcanzar un alto el fuego continúan sin avances concretos.

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