Francia frena el avance del acuerdo UE–Mercosur y tensiona la votación clave en Bruselas
El gobierno de Emmanuel Macron pidió postergar el tratamiento del pacto comercial y enfrenta presión de los sindicatos agrícolas, mientras otros países europeos advierten sobre el riesgo de un fracaso político.
El camino hacia la ratificación del acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur volvió a complicarse luego de que Francia solicitara postergar la votación prevista esta semana en Bruselas. La decisión reduce las posibilidades de que el entendimiento sea aprobado en el corto plazo y reaviva las tensiones internas dentro del bloque europeo, a pocos días de una posible firma en Brasil.
Desde París argumentan que el texto actual no garantiza una protección suficiente para los productores agropecuarios franceses. El presidente Emmanuel Macron le pidió formalmente a la titular de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, retrasar el análisis del acuerdo, al considerar que las demandas planteadas por su país no fueron atendidas. En ese contexto, los sindicatos agrícolas anunciaron movilizaciones masivas en coincidencia con una cumbre europea de jefes de Estado y de Gobierno.
La postura francesa genera inquietud en otros socios comunitarios que impulsan el acuerdo como una herramienta estratégica para reforzar las exportaciones europeas en un escenario global marcado por la competencia china y los aranceles estadounidenses. Fuentes diplomáticas señalaron que una demora prolongada podría derivar en una crisis política dentro de la Unión y debilitar el liderazgo de la Comisión, una advertencia que fue recogida en análisis recientes publicados por medios económicos especializados como Ámbito.
Desde la Comisión Europea, sin embargo, mantienen una señal de optimismo. Voceros oficiales reiteraron que el objetivo sigue siendo alcanzar las condiciones necesarias para avanzar con la firma en los próximos días, aunque reconocen que el margen político se redujo. Al requerirse una mayoría calificada para su aprobación, Francia no cuenta con poder de veto pleno, pero sí con capacidad para influir en otros países reticentes.
En el Parlamento Europeo, el escenario tampoco aparece despejado. Legisladores estiman que una parte significativa de los eurodiputados franceses votará en contra, acompañados por sectores de la izquierda radical y la extrema derecha, además de representantes de otros países con fuerte peso agrícola. Ante ese panorama, comenzó a discutirse un esquema de medidas de “salvaguardia” para contener el rechazo.
Entre las alternativas que evalúan los eurodiputados se incluye un monitoreo reforzado sobre productos sensibles para el agro europeo, como carne bovina, aves, arroz, miel, azúcar, etanol y huevos. La propuesta contempla mecanismos de intervención rápida en caso de desestabilización del mercado, con el objetivo de transmitir mayor previsibilidad a los productores.
Más allá de las resistencias, el acuerdo UE–Mercosur es considerado estratégico por su escala. Involucra a un mercado de más de 700 millones de habitantes y un producto bruto conjunto superior a los 22 billones de dólares, lo que lo convertiría en uno de los mayores tratados comerciales a nivel global. El texto prevé la eliminación progresiva de aranceles sobre alrededor del 90% del comercio bilateral y establece reglas comunes en áreas como servicios, inversiones, propiedad intelectual y resolución de controversias.
Para el Mercosur, el entendimiento representa una oportunidad de expansión para las exportaciones agroindustriales, energéticas y mineras. Para la Unión Europea, implica asegurar el abastecimiento de alimentos y recursos estratégicos, además de mejorar el acceso de su producción industrial al mercado sudamericano.
Mientras continúan las negociaciones y los movimientos diplomáticos de último momento, el futuro del acuerdo permanece abierto. La definición de los próximos días será clave no solo para el vínculo entre ambos bloques, sino también para la proyección internacional de la política comercial europea.

