Más de 80 millones de personas votaron por anticipado en distintos puntos del país. Nunca antes Estados Unidos había tenido que elegir entre dos candidatos tan distanciados entre sí. En busca de un segundo mandato que lo convertiría en el primer presidente convicto, Trump confió en una retórica antimigrantes, con una campaña que no escatimó golpes, incluso contra sus rivales, a los que tacha de “enemigo interno”.
El magnate republicano agitó el fantasma del fraude electoral una vez más, lo que hace temer que no reconozca el resultado si pierde, como ocurrió en 2020 tras ser derrotado por Biden. El equipo de campaña de Harris prevé que el republicano se declare ganador antes de tiempo y advierte que el escrutinio de la totalidad de los votos llevará “varios días”.
En una campaña llena de sobresaltos, incluidos dos intentos de asesinato contra Trump y el abandono de la candidatura por parte del presidente Joe Biden, Harris hizo una entrada en escena tardía. La exfiscal espera que la defensa del derecho al aborto le abra las puertas de la Casa Blanca. Los dos candidatos contaron con apoyos excepcionales para la campaña. Trump con el hombre más rico del mundo, Elon Musk, y Harris con el expresidente Barack Obama y su esposa Michelle.
El ojo puesto en los estados bisagra
La media general de encuestas da una mínima ventaja a Harris en el voto popular, pero la exsecretaria de Estado Hillary Clinton experimentó hace ocho años que no basta con obtener más sufragios que su rival sino imponerse en zonas claves, los conocidos como “swing states”. La media nacional de encuestas de RealClearPolitics apunta que en los estados en disputa, Trump mantiene su ventaja en Arizona, Nevada, Carolina del Norte y Georgia, mientras que Harris parte por delante en Wisconsin y Michigan.
En Estados Unidos la elección presidencial se decide de manera indirecta a través del Colegio Electoral, que cuenta con 538 delegados. Este sistema permite que un candidato pueda ganar la presidencia incluso perdiendo el voto popular. No existe un gran organismo federal en el cual seguir la noche electoral, por lo que el goteo de proyecciones de los grandes medios irá tiñendo el mapa de azul o rojo en función de cada estado.
Cada uno de los 50 estados de EE.UU. reparte un número concreto de delegados. Si bien la mayoría de los estados tienen una tendencia clara de voto, hay siete considerados “bisagra” que podrían decantarse por cualquiera de los candidatos: Georgia, Carolina del Norte, Wisconsin, Michigan, Pensilvania, Nevada y Arizona. Es en estos estados donde las campañas concentraron su inversión publicitaria y donde los candidatos dedicaron la mayor parte de su tiempo, lo cual se reflejó en sus agendas esta última semana.
La esperanza de Harris pasa por atraer a los indecisos que no quieren otros cuatro años de Trump. En el bando contrario Trump se presentó de nuevo a las primarias de los republicanos dispuesto a arrasar y sin un mínimo contrapeso dentro de su partido. Si hace ocho años los moderados intentaron ponerle un freno en un primer momento, en 2024 ya todos se vieron resignados a asumir lo que a todas luces parecía inevitable.
De hecho, a Trump no parece haberle pasado factura ni el asalto al Capitolio de enero de 2021, protagonizado por cientos de sus seguidores, ni los múltiples frentes judiciales que tiene abiertos. En mayo se convirtió en el primer presidente condenado en Estados Unidos, por falsificar registros para comprar el silencio de una exactriz porno, Stormy Daniels, poco antes de los comicios de 2016.
La Casa Blanca no es lo único que está en juego ya que la Cámara de Representantes, controlada actualmente por los republicanos, se renovará totalmente, y en el Senado, con dominio demócrata, se ponen en juego una tercera parte de los escaños. Controlar el legislativo o al menos una de las dos Cámaras es imprescindible para que un presidente pueda tener margen de maniobra política, tanto simbólica como práctica.