Bolsonaro inicia su condena por golpismo y queda recluido en un complejo policial de Brasilia

La Corte Suprema confirmó la sentencia de 27 años al expresidente por intentar subvertir el orden constitucional. Tras romper su tobillera electrónica, fue trasladado desde el arresto domiciliario a una dependencia federal.

Bolsonaro inicia su condena por golpismo y queda recluido en un complejo policial de Brasilia

 

Jair Bolsonaro comenzó este martes a cumplir la pena de 27 años de prisión impuesta por su rol en la trama golpista destinada a impedir la asunción de Luiz Inácio Lula da Silva. La Corte Suprema declaró definitiva la sentencia luego de considerar vencidos todos los plazos para nuevos recursos. El exmandatario, que permanecía bajo arresto domiciliario desde agosto, fue llevado el sábado a un complejo policial en Brasilia luego de que agentes detectaran que había intentado quemar el dispositivo electrónico que monitoreaba sus movimientos.

El tribunal sostuvo que ya no quedan instancias de apelación abiertas y que el expresidente —quien gobernó entre 2019 y 2022— deberá permanecer en la misma habitación en la que se encuentra detenido desde el fin de semana: un espacio reducido dentro de la Superintendencia de la Policía Federal, equipado con frigobar, aire acondicionado y un televisor. (La información, que circuló inicialmente en Página/12, coincide con documentos internos del Supremo Tribunal Federal.)

La defensa calificó como “inesperada” la decisión de cerrar el caso sin habilitar una nueva apelación, aunque adelantó que presentará los recursos que considere procedentes. El fallo también impacta en otros implicados: el diputado Alexandre Ramagem, condenado a 16 años y prófugo en Estados Unidos, y Anderson Torres, exministro de Justicia, sentenciado a 24 años.

La familia del exmandatario expresó preocupación por su salud mental. Tras visitarlo, Carlos Bolsonaro afirmó que su padre está “psicológicamente devastado”, mientras que su hermano Eduardo acusó al juez Alexandre de Moraes de tener un objetivo “mortal” contra el exmandatario. La Corte, sin embargo, sostiene que la maniobra golpista incluyó un plan para desacreditar las elecciones de 2022, instaurar un estado de excepción e incluso eliminar físicamente a Lula, algo que no llegó a ejecutarse por falta de apoyo militar.

El episodio que desencadenó el fin del arresto domiciliario fue la destrucción parcial de la tobillera electrónica, que Bolsonaro intentó quemar alegando, según su abogado, un estado de confusión mental atribuible a medicamentos. La Corte rechazó esa versión y ordenó el traslado inmediato. El exmandatario, de 70 años, tiene antecedentes de problemas de salud derivados del atentado que sufrió en 2018 y que lo llevó a múltiples cirugías. Sus representantes ya adelantaron que volverán a solicitar prisión domiciliaria por razones humanitarias.

El Supremo también justificó el traslado por riesgo de fuga, dado que la residencia de Bolsonaro en Brasilia se encuentra a escasa distancia de la embajada de Estados Unidos. Aunque el expresidente estadounidense Donald Trump manifestó tiempo atrás su apoyo a Bolsonaro, Lula insistió esta semana en que la detención “no tiene nada que ver” con Washington y subrayó que Brasil actúa como un “país soberano”.

Con el ingreso de Bolsonaro a prisión, Brasil suma cuatro expresidentes encarcelados desde el retorno democrático en 1985. Lula —hoy nuevamente en el poder— y Fernando Collor de Mello también estuvieron detenidos por causas de corrupción, aunque en ambos casos sus situaciones judiciales tuvieron resoluciones distintas.

En paralelo, el Partido Liberal activó una ofensiva política para intentar revertir la condena. En una reunión de emergencia realizada en Brasilia, Flávio Bolsonaro afirmó que la prioridad será impulsar un proyecto de amnistía en la Cámara de Diputados. Pese al respaldo explícito del bolsonarismo, parte del “Centrão” expresó dudas sobre avanzar con la iniciativa tras la difusión del video donde Bolsonaro reconoce haber manipulado su tobillera electrónica.

Left Menu Icon