La industria textil enfrenta uno de los peores momentos de su historia reciente. Los datos de la Fundación Pro Tejer muestran un escenario marcado por desplomes productivos, cierre de empresas y pérdida sostenida de empleo formal, mientras el consumo se abastece crecientemente con importaciones. En medio de ese cuadro, los reclamos empresariales por una reducción de impuestos chocaron con declaraciones contundentes del ministro de Economía, que pusieron el foco en los precios y en el impacto del modelo sobre los consumidores.
En una entrevista radial, Caputo cuestionó el esquema de protección vigente durante décadas y sostuvo que los altos precios de la indumentaria perjudican especialmente a los sectores de menores ingresos. Señaló que millones de argentinos terminaron pagando ropa y calzado a valores muy superiores a los internacionales para sostener un sistema que, a su juicio, benefició principalmente a los dueños de las empresas y no a los trabajadores. En ese marco, afirmó que nunca compró ropa en el país por considerar que los precios son excesivos.
Los indicadores productivos refuerzan la gravedad del panorama. En noviembre de 2025, la producción textil cayó 36,7% interanual y casi 48% frente a noviembre de 2023, el peor desempeño de toda la industria. En el acumulado del año, el retroceso alcanza 6,4% y se ubica más de 23% por debajo de los niveles de dos años atrás. El deterioro se replica en confecciones, cuero y calzado, con caídas de dos dígitos y una contracción anual persistente.
La capacidad instalada expone con claridad la magnitud de la crisis: el sector operó en noviembre con apenas 29,2% de utilización, el nivel más bajo del entramado industrial. En promedio anual, la utilización no supera el 40%, casi 30 puntos por debajo del promedio de la industria manufacturera. Este freno productivo tuvo un impacto directo en el empleo: desde diciembre de 2023 se perdieron más de 18.000 puestos formales, una baja del 15%, la mayor entre los sectores productivos.
El entramado empresarial también se achica. En menos de dos años cerraron 558 establecimientos textiles, cerca del 9% del total, con especial impacto en cuero y calzado. Al mismo tiempo, el consumo no se desplomó: las ventas reales de prendas y textiles para el hogar crecieron en supermercados durante 2025, pero gran parte de esa demanda fue cubierta con importaciones, mientras que las ventas en shoppings permanecieron estancadas y con márgenes negativos.
El contraste entre consumo y producción local pone en evidencia las tensiones del modelo. Las declaraciones de Caputo aceleraron un debate de fondo sobre el futuro del sector en un contexto de mayor apertura, competencia externa y redefinición del rol del Estado, en el que la discusión ya no gira solo en torno a la protección, sino también a precios, diseño y productividad.