La tregua en Irán alivió los mercados, pero los analistas advierten que las cicatrices persisten

El alto al fuego redujo el peor escenario de riesgo, pero no restableció las condiciones previas al conflicto. El petróleo sigue lejos de los niveles anteriores a la guerra, la inflación no cede y la normalización logística podría llevar meses.

La tregua en Irán alivió los mercados, pero los analistas advierten que las cicatrices persisten

La tregua de dos semanas entre Estados Unidos e Irán desató un rebote generalizado en los activos de riesgo, pero los analistas advierten que el alivio es táctico y no estructural. “Esto es una pausa, no un reinicio completo”, señaló Charu Chanana, de Saxo Bank, en declaraciones recogidas por Bloomberg Línea. Los riesgos sobre petróleo, inflación y geopolítica, según la analista, no han desaparecido.

El contraste más evidente está en el mercado energético. El petróleo cayó cerca del 16% tras el anuncio del alto al fuego, pero el Brent sigue muy por encima de los 73 dólares previos al conflicto. La razón es simple: la disrupción física no desapareció con la firma del acuerdo. Según Wood Mackenzie, entre 11 y 15 millones de barriles diarios fueron retirados del mercado durante el conflicto, y su recuperación está condicionada por factores logísticos antes que productivos. Solo cinco buques diarios transitan actualmente el estrecho de Ormuz, frente a los 150 habituales, mientras cerca de 2.000 embarcaciones permanecen bloqueadas. Irak podría tardar entre seis y nueve meses en volver a niveles previos de producción, y el complejo de gas natural licuado de Ras Laffan en Qatar podría no recuperar su plena capacidad hasta finales de agosto.

Para Arkevium, firma independiente de análisis, la caída del crudo responde a “un repricing emocional del riesgo extremo que ignora la realidad física de las restricciones de suministro”. Los analistas de Bloomberg Intelligence estiman que “es probable que surja un suelo de precios del petróleo más alto frente al periodo previo a la guerra, probablemente por encima de los 80 dólares por barril”.

En el plano macroeconómico, Neil Shearing, economista en jefe de Capital Economics, proyecta que en su escenario base el crudo se modera pero no regresa a niveles anteriores, manteniéndose en torno a los 80 dólares. De sostenerse ese nivel, la inflación general treparía a entre el 3% y el 4% interanual en Estados Unidos y Europa. Chanana advierte que “el pánico puede desaparecer más rápido que las cicatrices”, sugiriendo que los efectos inflacionarios podrían persistir más allá de la caída inicial del crudo. En ese contexto, Chris Turner, de ING, señala que los bancos centrales podrían endurecer su discurso ante riesgos de segunda ronda, citando al banco central de Nueva Zelanda, que ya contempla subidas preventivas tras revisar al alza su previsión de inflación al 4,2%.

El dólar inició un retroceso tras el anuncio, pero los analistas no esperan una reversión completa. Turner estima un posible movimiento del índice DXY hacia 98,50, aunque sin ruptura clara de niveles inferiores. El oro repuntó un 2% hasta los 4.805 dólares la onza y la plata avanzó un 6%, impulsados por la caída de rendimientos y la debilidad del billete verde. UBS proyecta que el metal precioso podría escalar hasta cerca de los 5.500 dólares la onza en los próximos seis a doce meses. “Mantenemos la opinión de que los inversores deben permanecer en el mercado a pesar de la incertidumbre a corto plazo”, dijo Mark Haefele, director de inversiones del banco suizo.

En términos sectoriales, Chanana identifica a aerolíneas, consumo discrecional, tecnología y activos cíclicos como los principales beneficiarios del descenso del petróleo y la mejora del sentimiento. Sin embargo, la normalización no será homogénea: sectores intensivos en energía y químicos dependerán directamente de la velocidad de restablecimiento logístico, más que del precio spot del crudo. Datos de Morgan Stanley muestran que insumos críticos como GLP, petroquímicos, aluminio, fertilizantes y gas natural licuado —con una dependencia de hasta el 45% del suministro global vinculada al tránsito por el Golfo— afectan cadenas productivas que van desde la agricultura y el sector automotriz hasta los semiconductores y la construcción.

El escenario de fondo sigue abierto. “El alto el fuego es un reconocimiento mutuo de insostenibilidad, no un camino hacia la paz”, advirtió Arkevium, en una lectura que resume el dilema al que se enfrentan los inversores: un rebote real en los activos, pero sobre una base estructural que todavía no se normalizó.

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