La Fed tomará hoy una decisión sobre las tasas: prima la cautela, ante señales mixtas de la economía
Ante un panorama económico marcado por señales mixtas, presiones inflacionarias inciertas y elevada incertidumbre política, la Reserva Federal opta por mantener sin cambios las tasas de interés mientras evalúa con cautela sus próximos pasos.
Los funcionarios de la Reserva Federal afirman que necesitan una visión más clara sobre la dirección de la economía estadounidense antes de decidir su próximo movimiento en materia de tasas de interés. Sin embargo, los datos publicados desde la última reunión del banco central han vuelto el panorama aún más confuso, en medio de políticas comerciales y fiscales inciertas.
En una especie de test de Rorschach sobre el futuro, los responsables de política monetaria, que concluirán su reunión de dos días este miércoles, podrían citar la caída del PBI del primer trimestre y la baja en la confianza empresarial y del consumidor como argumentos para justificar un recorte de tasas más temprano que tarde. Por el contrario, también podrían apoyarse en la solidez del empleo, el consumo robusto y una inflación impulsada por aranceles para justificar una postura de espera.
Ambas decisiones implican riesgos mientras las políticas del presidente Donald Trump sigan siendo poco claras, lo que hace probable que el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) mantenga las tasas sin cambios cuando anuncie su decisión este miércoles a las 14:00 (hora del este), reconociendo al mismo tiempo los límites de lo que puede proyectar hacia el futuro.
“Los datos disponibles no son ni lo suficientemente buenos ni lo suficientemente malos como para forzar al FOMC a revelar sus intenciones”, escribió Steve Englander, jefe de estrategia macro para América del Norte en Standard Chartered. “No hacer nada y decir poco probablemente sea una opción bienvenida… en un contexto de tanta incertidumbre sobre políticas fiscales y arancelarias y sus consecuencias en la economía y los mercados financieros”.
Señales mixtas de inflación
Como muchas cosas relacionadas con los aranceles de importación de Trump, el impacto sobre la inflación podría no verse por meses. Recién en julio se sabrá si el presidente decide imponer los aranceles más agresivos sobre bienes de decenas de países, mientras que los gravámenes finales sobre autos y otros productos aún están en discusión.
Además, desafíos judiciales podrían impedir que algunas órdenes del presidente se lleven a cabo incluso si decide avanzar.
Mientras tanto, la inflación medida por el Índice de Precios de Gastos de Consumo Personal (PCE), que la Fed utiliza como referencia para su meta del 2%, se desaceleró en marzo a 2,3%, el nivel más bajo en alrededor de seis meses.
Este enfriamiento de los precios generó llamados por parte de Trump a recortar tasas, pero no cuenta toda la historia. Las mediciones de inflación subyacente —que excluyen alimentos y energía— se mantuvieron por encima del 2,6% en marzo.
Además, se espera que los aranceles sumen presión inflacionaria en lo que queda del año, lo que obligará a los funcionarios de la Fed a evaluar si ese aumento de precios será un ajuste temporal o algo más persistente. En 2021, la Fed erró en este diagnóstico al suponer que la inflación sería transitoria, y no quiere volver a equivocarse.
El presidente de la Fed, Jerome Powell, “ha sido claro en que si se ve obligado, priorizará controlar la inflación antes que recortar las tasas”, escribió esta semana Diane Swonk, economista jefe de KPMG.
Powell dará una conferencia de prensa media hora después de la publicación del comunicado de política monetaria este miércoles.
Desaceleración en el empleo
Funcionarios de la Fed y otros analistas del mercado laboral anticipan que la contratación se desacelerará pronto y que la tasa de desempleo aumentará. Sin embargo, los datos siguen sorprendiendo: la semana pasada se informó que en abril se sumaron 177.000 empleos, muy por encima de lo esperado por los economistas.
La tasa de desempleo se mantuvo en 4,2%, un nivel considerado de pleno empleo, aunque más alto que los mínimos históricos alcanzados en la segunda mitad de la administración Biden.
Mientras el empleo se mantenga firme, la Fed tendrá menos motivos para considerar una baja de tasas hasta que el riesgo inflacionario se haya disipado con claridad.
Sobre el PBI
Los funcionarios de la Fed creían que el crecimiento económico se estaba desacelerando tras varios trimestres por encima de la tendencia, lo que podría ayudar en la lucha por llevar la inflación al 2%.
Sin embargo, la economía se contrajo desde el regreso de Trump a la presidencia. Aunque la caída del primer trimestre se debió a una avalancha de importaciones —posiblemente para adelantarse a nuevos aranceles— que llevó el déficit comercial a un récord en marzo, plantea preguntas difíciles para los meses siguientes.
Si las empresas están sobreabastecidas, ¿buscarán vender rápido y barato, generando escasez más adelante a medida que bajan las importaciones desde China? ¿O subirán precios para reflejar el nuevo costo de traer productos con aranceles, racionando la oferta?
Cuando un componente puntual afecta el PBI, suele haber un efecto compensatorio después: las importaciones podrían desplomarse en los próximos meses, generando un impulso pasivo al crecimiento.
Pero si el consumo también se enfría —como muchos creen que ya está ocurriendo por la incertidumbre y el alza de costos— ese impulso podría verse contrarrestado.
Comprender cómo encajan todas estas piezas en una narrativa de crecimiento lento, repunte inesperado o recesión será un desafío.
Datos blandos
Los funcionarios de la Fed afirman que son dependientes de los datos duros —estadísticas concretas— para sus modelos de previsión. Pero en momentos en que la economía se ve afectada por shocks de política u otros eventos impredecibles, también recurren a otros insumos.
En los últimos meses, han prestado especial atención a los datos “blandos”, provenientes de encuestas o entrevistas con empresarios y otros actores económicos clave, para orientar su política.
En ese sentido, el panorama se ha deteriorado —incluso mucho—.
Una medida muy citada de incertidumbre, basada en el análisis de noticias, se encuentra en niveles comparables a los del inicio de la pandemia de COVID-19.
El último “Libro Beige” de la Fed, que recoge reportes anecdóticos de sus 12 distritos regionales, mencionó la palabra “incertidumbre” 80 veces y la calificó de “generalizada”. El informe está lleno de referencias a precios en alza, despidos en algunos sectores y empresas que se sienten paralizadas en sus decisiones de inversión o contratación debido a la política comercial.
“No es inusual que los datos duros se retrasen mucho en recesiones impulsadas por eventos”, escribió esta semana Jan Hatzius, economista jefe de Goldman Sachs.
“Es notable que los datos blandos ya hayan caído más que en una recesión típica provocada por un evento”, añadió.
Ese comentario llegó después de una mesa redonda con periodistas en Washington, en la que Hatzius dijo: “Estamos en un entorno que ha generado un alto grado de incertidumbre, y hasta ahora eso no ha disminuido”.

