El oro cae cerca de 25%, pero conserva fundamentos alcistas

El metal retrocedió desde el máximo alcanzado en enero, presionado por la suba de las tasas reales en Estados Unidos y la reversión del fuerte impulso previo. Analistas consideran que el movimiento responde a una corrección dentro de un ciclo de largo plazo y no necesariamente a un cambio definitivo de tendencia.

 

El precio del oro atraviesa una fuerte corrección durante 2026 después de haber registrado un desempeño excepcional el año pasado y durante las primeras semanas del actual ejercicio. Tras avanzar un 65% en 2025 y otro 25% hasta el 28 de enero, cuando alcanzó un máximo de US$5.417 por onza, el metal se ubica actualmente cerca de los US$4.000.

La magnitud de la caída volvió a abrir el debate sobre si el oro está experimentando un ajuste técnico después de una suba acelerada o si comenzó un cambio más profundo en su tendencia. El retroceso coincidió además con el inicio del conflicto en Medio Oriente, una reacción que contradijo la idea de que el metal siempre aumenta su valor frente a las crisis geopolíticas.

Según informó Bloomberg Línea, los analistas de Balanz atribuyeron la baja a la combinación de una reversión del fuerte impulso acumulado y una modificación de las expectativas sobre las tasas de interés estadounidenses. El endurecimiento del discurso de la Reserva Federal elevó los rendimientos reales de los bonos del Tesoro y redujo temporalmente el atractivo de un activo que no genera intereses.

Entre septiembre de 2025 y enero de 2026, el oro acumuló un incremento cercano al 56%, equivalente a una tasa anualizada del 188%. Ese avance llevó el rendimiento de los últimos tres años al 42,4% anual, el nivel más elevado desde el gran ciclo alcista registrado durante la década de 1970.

Desde esa perspectiva, la caída actual no resulta excepcional. En anteriores períodos de expansión, como los comprendidos entre 1970 y 1980 y entre 2001 y 2012, el metal atravesó correcciones considerables antes de retomar su trayectoria ascendente. Durante el primero de esos ciclos llegó incluso a retroceder cerca de un 45%.

Los movimientos también se reflejaron en los fondos cotizados respaldados por oro. Las tenencias de estos instrumentos disminuyeron después de alcanzar máximos en febrero, aunque permanecen entre los niveles más altos de los últimos cinco años. Entre abril de 2024 y junio de 2026, las posiciones aumentaron un 31,2%, hasta alcanzar las 4.047 toneladas, lo que indica que no se produjo una salida masiva de inversionistas.

Las compras de los bancos centrales también continuaron, aunque con diferencias entre países. Polonia, China, Uzbekistán, Kazajistán y entidades de la Eurozona ampliaron sus reservas, mientras que Turquía y Rusia realizaron ventas netas, principalmente para atender necesidades de liquidez. Algunas autoridades monetarias aprovecharon la caída de las cotizaciones para aumentar sus tenencias.

Para Balanz, los factores estructurales que sostuvieron el avance del oro durante los últimos años permanecen vigentes. Entre ellos se destaca la relación inversa con el dólar estadounidense, cuya perspectiva de largo plazo continúa condicionada por el elevado déficit fiscal, el crecimiento de la deuda pública y el aumento del pago de intereses en Estados Unidos.

El informe proyecta un déficit fiscal cercano al 7% del producto interno bruto estadounidense y una relación entre deuda y PIB que podría aproximarse al 120% durante la próxima década. Este escenario podría debilitar gradualmente al dólar y mantener la demanda de oro como una herramienta de cobertura frente a la depreciación de la moneda.

Los analistas aclararon, sin embargo, que el metal no ofrece una protección automática frente a cualquier conflicto internacional. Su principal atractivo histórico estaría relacionado con la cobertura parcial contra la pérdida de valor del dólar, más que con una respuesta directa y constante frente a los acontecimientos geopolíticos.

La evolución de las tasas reales de Estados Unidos será una de las variables determinantes durante los próximos meses. También resultarán relevantes el comportamiento del dólar, las compras de los bancos centrales y los movimientos de los fondos cotizados, que podrían ampliar la volatilidad mientras continúe el proceso de corrección.

Aunque Balanz no anticipa que las adquisiciones institucionales puedan sostener por sí solas un nuevo aumento acelerado, considera que la caída de 2026 se mantiene dentro de los patrones observados en otros ciclos alcistas. Por ese motivo, sostiene que los fundamentos para incorporar oro en una cartera de inversión no cambiaron de manera significativa.

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