América Latina ante el salto de los bonos del Tesoro de EE.UU.

El riesgo soberano de la región resiste, pero la presión de los Treasuries comienza a sentirse en los bonos locales, las monedas y el margen para recortar tasas, con Brasil y México como los mercados más sensibles.

 

El nuevo salto de los rendimientos de los bonos de Estados Unidos vuelve a elevar la presión financiera sobre América Latina, aunque esta vez el golpe no se transmite como en crisis anteriores: el riesgo soberano resiste, mientras el impacto comienza a sentirse de forma desigual en los bonos locales, las monedas y el margen para bajar las tasas de interés, según un análisis publicado por Bloomberg Línea. La tensión en los mercados aumentó la semana pasada después de que los rendimientos estadounidenses de largo plazo alcanzaran máximos de 2007. El Tesoro anunció mayores recompras de deuda para mejorar la liquidez y los rendimientos cedieron inicialmente, pero el movimiento se revirtió ante las dudas sobre la capacidad de contener las tasas. El Tesoro a 10 años llegó el viernes a 4,73%, mientras el de 30 años rondaba 5,2%. El movimiento responde a inquietudes sobre deuda, déficit e inflación, factores que han elevado la compensación exigida por los inversionistas para prestar a largo plazo.

Para América Latina, la pregunta es cuánto de esa presión terminará cruzando la frontera. “Los bonos soberanos emergentes tienen mayor duración y menor calidad crediticia que la deuda estadounidense”, dice Felipe Barragán, senior research strategist de Pepperstone. “Cualquier alza en la tasa libre de riesgo global encarece automáticamente el costo de financiamiento de la región”. ANIF, un centro de pensamiento colombiano, recuerda que “cuando suben los rendimientos de los bonos, aumenta el costo de financiarse y se reduce el atractivo relativo de la deuda local”. Los analistas explicaron que la presión se ha concentrado en los bonos soberanos de largo plazo de las principales economías, y al aumentar sus rendimientos, también sube el costo al que los gobiernos consiguen financiamiento, en momentos en que varios países necesitan colocar mayores volúmenes de deuda.

El primer impacto en América Latina se da porque un aumento de los rendimientos estadounidenses eleva la referencia sobre la que se financian las economías emergentes. Para Barragán, “el contagio es estructural y prácticamente inevitable”, aunque la magnitud cambia entre países. El analista explica que la presión se transmite tanto a la deuda emitida en dólares como a los bonos en moneda local, aunque por vías diferentes. La intensidad tampoco es igual en toda la región: los mercados con mayor riesgo político o con elecciones próximas pueden reaccionar con más fuerza, mientras una menor credibilidad fiscal reduce la capacidad de absorber esas presiones. Brasil y Colombia aparecen entre los mercados que requieren mayor atención, con Brasil enfrentando tensiones fiscales y elecciones en octubre, mientras Colombia también tiene factores domésticos que aumentan su sensibilidad.

Sin embargo, los datos recopilados por Jonathan Fortun, economista del IIF, muestran que en 2026 la presión de los Tesoros ha tenido una dinámica distinta en América Latina. El Tesoro a 10 años pasó de 4,17% a 4,70% durante el año, mientras los CDS, que reflejan el costo de asegurarse frente a un impago soberano, cayeron en Brasil, México, Colombia, Perú y Chile. Es decir, el aumento de los rendimientos estadounidenses no ha venido acompañado de un deterioro del riesgo soberano regional. “El movimiento de los Tesoros de este año no está llegando a América Latina por donde llegaba antes”, explicó Fortun. En lugar de observar un deterioro generalizado del riesgo soberano, el economista encuentra ahora una mayor transmisión hacia los rendimientos de los bonos emitidos en moneda local.

Brasil y México muestran la mayor sensibilidad a ese movimiento, con cálculos del IIF que indican que los rendimientos de sus bonos locales reaccionan con mayor intensidad a los cambios del Tesoro estadounidense que los de Colombia, Perú y Chile. “Mi lectura de por qué son Brasil y México es que la vulnerabilidad hoy es de duración y de base inversora antes que de solvencia”, sostuvo Fortun, quien explicó que son los dos mercados locales más profundos de la región y están entre los primeros que los gestores globales reajustan ante cambios en las tasas mundiales. Colombia, en cambio, se ha comportado de manera diferente: su rendimiento local a 10 años acumula una caída de 56 puntos básicos en 2026, pese al aumento del Tesoro, mientras el CDS también se ha reducido, lo que Fortun atribuye principalmente a factores internos como “la política doméstica y el reseteo político que dominaron por completo la beta externa”.

La segunda vía de transmisión pasa por las monedas, pero tampoco sigue el guion tradicional de tasas estadounidenses más altas y fortalecimiento generalizado del dólar. El índice de la divisa estadounidense registra un avance de apenas 0,6% durante 2026, pese al ascenso de los rendimientos del Tesoro. En ese período, el real brasileño se apreció 5,4%, el peso mexicano 6,1% y el colombiano 22,9%. La diferencia, según Fortun, está vinculada con el carry: Brasil presenta un diferencial de 10,25 puntos porcentuales frente a las tasas de la Fed y Colombia de 8,25 puntos, mientras que en Chile y Perú los diferenciales son de apenas 75 y 50 puntos básicos. “El carry no sostuvo a la región en bloque, sostuvo a quienes lo tenían”, afirmó Fortun, lo que ayuda a explicar por qué el ascenso de los rendimientos estadounidenses no se ha traducido hasta ahora en una depreciación simultánea de las principales monedas latinoamericanas.

La tercera pieza está en los bancos centrales. Fortun considera que un período prolongado de rendimientos altos no impide automáticamente nuevos recortes en América Latina. “La restricción no viene del nivel de la tasa estadounidense, sino del diferencial real y de lo que ese diferencial hace con el tipo de cambio”, explicó. Brasil redujo su tasa desde un máximo de 15% hasta 14% a comienzos de agosto, con una inflación de 4,4% y una tasa real que se aproxima a 9,6%, el mayor colchón entre las economías analizadas. México redujo su tasa de 7% a 6,5%, mientras su inflación de julio se situó en 3,1%. El espacio es menor en Chile y Perú, donde sus tasas reales se sitúan cerca de 1% y 0,2%, respectivamente. Barragán pone mayor énfasis en el riesgo que supone mantener rendimientos estadounidenses elevados: “Mientras más incierto sea el rumbo de la política monetaria estadounidense, más cautelosos tendrán que ser los bancos centrales latinoamericanos”, dijo. Para Fortun, la clave de los próximos meses será la composición del movimiento estadounidense. Si el aumento continúa asociado con la prima por plazo y la oferta de deuda larga, sin un cambio en las expectativas sobre la Reserva Federal, las tasas cortas mantendrían el carry como amortiguador regional. El punto de vigilancia cambiaría si el Tesoro a 10 años supera 5% junto con expectativas de una tasa terminal más alta, lo que pondría a Chile y Perú primero en la línea de presión cambiaria, seguidos por México y Brasil mediante sus curvas locales.

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