La mitad de los argentinos se percibe de clase baja y nueve de cada diez dicen perder contra la inflación
Un relevamiento privado mostró que el deterioro de los ingresos sigue entre las principales preocupaciones sociales. El 61% afirma que su sueldo alcanza, como máximo, hasta el día 20 de cada mes.

La situación económica continúa impactando de manera directa en la percepción de los argentinos sobre su nivel de vida. Un informe privado reveló que el 50,2% de la población se considera de clase baja, mientras que el 86,1% asegura que sus ingresos no logran acompañar el ritmo de la inflación.
El dato surge del último Monitor de Opinión Pública de Zentrix Consultora, que también muestra que seis de cada diez hogares tienen dificultades para llegar a fin de mes. Según el relevamiento, el 61% de los encuestados afirma que el dinero le alcanza, como máximo, hasta el día 20.
De acuerdo con el estudio difundido por Ámbito, apenas el 10,5% de los consultados se identifica como parte de la clase alta, mientras que cerca de cuatro de cada diez se ubican dentro de la clase media. La encuesta expone que la pérdida de poder adquisitivo no solo se refleja en las estadísticas, sino también en la vida cotidiana de los hogares.
Uno de los principales resultados del informe indica que ocho de cada diez argentinos consideran que sus salarios quedaron por detrás de los aumentos de precios. El porcentaje se mantiene prácticamente estable desde marzo y apenas por debajo del máximo registrado en abril, cuando había alcanzado el 86,6%.
La percepción de deterioro salarial atraviesa incluso a los votantes del oficialismo. Entre quienes apoyan al Gobierno, el 70,2% afirma que sus ingresos pierden frente a la inflación. En el caso de los votantes opositores, esa cifra asciende al 96,6%.
El relevamiento también muestra diferencias marcadas según la autopercepción de clase social. Entre quienes se consideran de clase alta, solo el 11,8% reconoce quedarse sin ingresos antes del día 20. En la clase media, ese porcentaje llega al 43%, mientras que entre quienes se identifican como clase baja alcanza el 86,1%.
La posibilidad de ahorrar aparece como una situación minoritaria. Solo el 13% de los encuestados afirma que logra llegar a fin de mes y además guardar una parte de sus ingresos. Para la mayoría, el salario alcanza únicamente para cubrir gastos básicos durante una parte del mes.
Otro punto destacado del informe es la desconfianza sobre las estadísticas oficiales de inflación. El 68,8% de los consultados considera que el índice publicado por el INDEC no refleja los aumentos de precios que observa en su vida cotidiana. Entre quienes se perciben de clase baja, ese nivel de desconfianza se aproxima al 84%.
El estudio también consultó sobre las expectativas económicas. El 55,1% cree que “lo peor está por venir”, mientras que solo el 24% considera que la etapa más difícil ya quedó atrás.
Las respuestas varían de manera significativa según la identificación política. Entre los votantes de Javier Milei, el 55,4% sostiene que lo peor ya pasó. En cambio, entre quienes se ubican en la oposición, apenas el 3,4% comparte esa mirada.
Al preguntar de manera espontánea por el principal problema del país, la corrupción aparece en primer lugar, seguida por la figura de Javier Milei y luego por la economía.
Cuando la consulta se realiza con opciones predeterminadas, la corrupción también encabeza el ranking de preocupaciones, con el 51,3%. Luego aparecen los ingresos y salarios, con el 48,2%, y la incertidumbre económica, con el 37,1%.
Pese al deterioro económico señalado por el relevamiento, la imagen del Gobierno mostró una leve mejora respecto de los meses anteriores. La desaprobación de la gestión de Milei bajó del 61,2% en mayo al 56,6% en junio, mientras que la aprobación subió del 32,2% al 33,2%.
Según el análisis de la consultora, este freno en la caída de la imagen presidencial no respondería todavía a una mejora concreta de la situación económica, sino a que una parte de la sociedad habría incorporado el ajuste como parte del escenario actual.
El informe confirma que los ingresos continúan siendo uno de los ejes centrales del malestar social, especialmente entre los sectores que se perciben como clase baja y que enfrentan mayores dificultades para cubrir los gastos mensuales.
