La caída de la inversión enciende señales de alerta sobre la sustentabilidad del crecimiento

Aunque el mercado valora la baja de la inflación y la acumulación de reservas, persisten dudas sobre la capacidad de la economía para sostener una expansión de mediano plazo. La inversión cayó al 17% del PBI y acumula cuatro trimestres consecutivos de retroceso interanual.

 

El equipo económico logró despejar durante el primer semestre algunas de las principales dudas que existían hacia fines del año pasado, especialmente en relación con la acumulación de reservas y la desaceleración de la inflación. Sin embargo, una vez superadas esas inquietudes iniciales, el mercado mantiene encendidas algunas luces amarillas sobre la dinámica futura del crecimiento económico.

El principal foco de preocupación está puesto en la inversión real, que acumula cuatro trimestres consecutivos de caída interanual. La baja se explica, en buena medida, por el retroceso en equipos y bienes de capital vinculados a la industria. En el primer trimestre de 2026, la inversión cayó casi 11% respecto del mismo período del año anterior.

El dato genera inquietud porque, si bien el PBI mostró una mejora, la composición del crecimiento aparece concentrada en pocos sectores y no refleja todavía una expansión generalizada de la economía. En ese marco, distintos analistas advierten que la recuperación actual podría responder más a una reactivación de capacidades existentes que a un proceso sostenido de crecimiento.

En una charla con inversores, el economista de Cohen Aliados Financieros, Martín Polo, describió el escenario como una economía despareja. Según señaló, hay sectores muy dinámicos, como el agro, la minería, la energía y el sector financiero, mientras que buena parte del resto de la actividad todavía enfrenta dificultades.

Polo advirtió que la inversión venía creciendo a tasas cercanas al 30% y ahora muestra una caída del 11%, lo que refleja la dificultad de la Argentina para romper con la volatilidad de sus indicadores económicos. Para el analista, esta situación configura una “alerta amarilla” de cara al mediano plazo.

Según el análisis publicado por Ámbito, el punto central es si con esta dinámica la economía podrá sostener la recuperación del nivel de actividad. Para Polo, la tendencia debería revertirse en el corto plazo, ya que los distintos indicadores de inversión muestran un comportamiento negativo.

“Por donde tracemos los indicadores de inversión vemos que todos vienen muy mal. Y eso es una señal que a nosotros nos genera dudas en cuanto al mediano plazo”, señaló el economista.

El especialista también pidió moderar el optimismo sobre la marcha de la actividad. Afirmó que, en materia de crecimiento, es necesario mantener cierta cautela porque “esto no es Disney” y no se trata de una economía que esté creciendo a “tasas chinas” ni de un proceso ya consolidado.

En la misma línea, el economista Roberto Cachanosky sostuvo que el PBI desestacionalizado viene creciendo desde hace siete trimestres, pero la inversión cae desde hace cuatro. A partir de ese contraste, diferenció entre reactivación y crecimiento. Según explicó, reactivar implica volver a poner en funcionamiento capacidad productiva que estaba parada, mientras que crecer supone aumentar la capacidad instalada.

Cachanosky también puso el foco en la composición sectorial del crecimiento informado por el INDEC, que mostró una suba del PBI del 2,3% en el primer trimestre. Según su análisis, solo cinco sectores, que representan el 17% del producto, fueron ganadores. En cambio, el 54% de la economía mostró caídas, el 12,1% se mantuvo sin cambios relevantes y el resto corresponde a impuestos recaudados por el Estado.

Entre los sectores que más crecieron en el primer trimestre se ubicaron la pesca, el campo, la minería, las finanzas y el servicio doméstico. Por el contrario, registraron bajas la industria manufacturera, la administración pública, los servicios y el comercio.

Otro dato que alimenta las dudas es que la inversión representa apenas el 17% del PBI y continúa en retroceso. Para distintos economistas y organismos internacionales, una economía necesita que la inversión alcance al menos el 20% del producto para sostener una expansión estable. Algunos incluso consideran que el ratio debería ubicarse entre el 25% y el 30%.

La consultora Labour, Growth & Capital señaló que los datos del primer trimestre confirman que los programas de beneficios fiscales, como el RIGI, todavía tienen un impacto limitado sobre la actividad real. Como resultado, la inversión descendió al 17% del PBI, el nivel más bajo desde la pospandemia.

El escenario deja una señal de advertencia para los próximos meses. Si la economía crece apoyada en pocos sectores y con una inversión en retroceso, la recuperación podría encontrar límites rápidamente. Para que el crecimiento sea sostenible, los analistas coinciden en que será necesario recomponer la inversión, mejorar la rentabilidad productiva y ampliar la base sectorial de la expansión.

Left Menu Icon