Balances en rojo pero expectativas mixtas: qué proyectan los analistas sobre las acciones bancarias argentinas
Tras un tercer trimestre muy adverso para las entidades financieras, especialistas del mercado evalúan si es una oportunidad de compra o si conviene esperar. El consenso es cauteloso, aunque algunos bancos aparecen mejor posicionados hacia 2026.
Los bancos argentinos transitaron uno de los trimestres más complicados del último ciclo económico, con resultados negativos generalizados y un deterioro en sus principales indicadores. Aun así, varios analistas consideran que podría estar formándose un piso de rentabilidad y que algunas acciones del sector financiero empiezan a mostrar cierto atractivo, aunque la mirada general continúa siendo prudente.
Santiago López Alfaro, presidente de la administradora DRACMA Investments, interpretó que los balances reflejan el impacto pleno del ajuste monetario aplicado durante 2025. Sin embargo, remarcó que el escenario que viene es diferente: “Caen los encajes, bajan las tasas y las condiciones financieras tienden a normalizarse. Desde nuestra óptica, el panorama para los bancos mejora hacia adelante”.
El análisis convive con posiciones más moderadas. Mirando hacia 2026, el analista Matías Cattaruzzi (Adcap Grupo Financiero) sostuvo que, tras el golpe del tercer trimestre —marcado por tasas más altas, cambios regulatorios y mayor mora—, algunas entidades empiezan a ser consideradas como oportunidades, aunque “con matices”. Según explicó, las propias autoridades de los bancos señalan que los números recientes representan el piso de rentabilidad y que la foto del próximo año sería distinta.
Desde una visión más escéptica, Ezequiel Fernández, director de research de Balanz Capital, advirtió que el principal desafío proviene justamente del nuevo entorno de tasas e inflación más bajas. “Crecieron los préstamos, pero eso también trajo presiones en morosidad y calidad crediticia. Las valuaciones pueden ser tentadoras, pero dentro de la renta variable local seguimos prefiriendo sectores ligados a energía”, señaló en diálogo con Bloomberg Línea, fuente original de esta información.
Las carteras recomendadas muestran esa misma heterogeneidad. En su portafolio sugerido, Grupo IEB destina un 20% a acciones bancarias, lejos del peso del sector regulado (30%) y del rubro energético (40%). Dentro del apartado financiero, divide su posición entre Banco Macro y BBVA Argentina.
Capital Markets Argentina (CMA) también incorpora bancos, con un 8% asignado a Grupo Financiero Galicia y un 4% a BBVA Argentina. En tanto, el consultor Martín D’Odorico (Guardian Capital) evaluó que Macro es la opción más defensiva, con capacidad de crecimiento moderado; BBVA se perfila para recuperación de valor; Supervielle queda como la alternativa más especulativa; y Galicia aparece como la entidad menos atractiva en el corto plazo.
Los analistas coincidieron en que los balances del tercer trimestre fueron débiles, aunque con diferencias relevantes entre entidades:
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Banco Macro: presentó uno de los informes más sólidos. Logró expandir créditos y depósitos, mantuvo la mora en 3,2% y exhibió un ratio de capital cercano al 30%, lo que lo posiciona como uno de los bancos privados más solventes. Su rentabilidad, no obstante, fue inferior a la de 2024.
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BBVA Argentina: tuvo un trimestre de rentabilidad ajustada baja (ROE cercano al 5%), pero mostró crecimiento sostenido del crédito y depósitos, y un nivel de cartera irregular moderado. Para los analistas, podría recuperarse con un entorno macro más favorable.
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Grupo Supervielle: registró el peor desempeño relativo, con pérdida neta, aumento de morosidad y mayor costo de riesgo. Aun así, conserva liquidez razonable y avanza en recorte de gastos.
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Grupo Financiero Galicia: terminó el período con un rojo significativo, afectado por gastos extraordinarios y mayor deterioro de la cartera. Es el caso que genera mayor cautela en el sector.
En conjunto, los especialistas coinciden en que las oportunidades empiezan a asomarse, pero que la recuperación del sector financiero dependerá en gran medida de la estabilidad macroeconómica, la evolución de la mora y el ritmo al que se normalicen las variables monetarias durante 2026.

