Perspectiva de la producción porcina

La actividad no se encuentra en su mejor momento, pero se espera que la demanda siga en aumento. Un negocio que pone el foco en la inversión tecnológica, el bienestar animal y el cuidado ambiental para satisfacer a los consumidores más exigentes.

 

Actualmente la actividad no se encuentra en su mejor momento, sin embargo, los pronósticos son optimistas ya que se espera que la demanda siga en aumento en los próximos 10 años. Un negocio que viene con inversión tecnológica para una mayor eficiencia productiva, con foco en el bienestar animal y el cuidado ambiental para satisfacer a los consumidores más exigentes.

Con el objetivo de pintar el panorama actual y perspectivas del sector, especialistas pasaron por Agenda Aapresid, el ya consagrado ciclo diario de entrevistas de la Asociación para tratar temas de actualidad de campaña. Aquí, lo más destacado.

Tendencias y consumo en evolución constante

Es evidente que el sector porcino está en una situación actual compleja, pero si se mira para atrás, venimos de una evolución muy importante traccionada fundamentalmente por el crecimiento del consumo, explicó Jorge Brunori, Coordinador del área de producción animal del INTA Marcos Juárez.

En los últimos 20 años se triplicó el crecimiento de la producción y faena -hoy en 700 mil tn de carne-, y hubo una consolidación de exportaciones a partir del 2016 en casi un 5% de la producción total. Si bien las ventas al exterior venían creciendo a un ritmo del 30% anual, en 2021 la caída en la demanda de China y de los precios internacionales, sumado a la crisis macroeconómica nacional, provocaron un retroceso de igual magnitud, y se duplicaron las importaciones.

Según Brunori, el consumo de cerdo en Argentina se disparó a partir de la década del 2000, por un lado, gracias al cambio del sistema de clasificación de reses que mejoró el posicionamiento en cuanto a calidad del producto. Esto empujó a los productores a incorporar tecnología en genética y alimentación para obtener reses más magras.

Además, se multiplicaron las carnicerías exclusivas y fue ganando terreno a la carne bovina, llegando en el 2021 a un consumo de casi 16 kg per cápita de carne fresca, un 104% más con respecto al 2020. La carne de cerdo es estratégica para la mesa de los argentinos, señaló el especialista, porque es un producto de excelente calidad nutricional, y un 30% más accesible en precio que la carne vacuna”.

Eficiencia, bienestar animal y seguridad alimentaria: los pilares del futuro del sector

Una ración promedio se lleva un 75% de los costos, de los cuales un 68% son maíz y un 29% expeller de soja o de harina de soja como fuente proteica. Un panorama desafiante considerando los costos de producción y los precios actuales de los granos que deben hacer frente los productores, la mayoría de ellos pequeños a medianos (entre 10 y 500 madres). En el otro extremo, la sanidad es uno de los insumos más baratos (5 al 8% de la producción), sin embargo un pilar fundamental para la eficiencia y sostenibilidad del sistema, subrayó Brunori.

Frente al panorama actual, “es recomendable reducir al mínimo posible los costos de producción para amortiguar momentos difíciles, hacer mucha gestión, tener visión empresarial y buscar escala de ventas”, sugirió. Eso permitirá estar preparados para cuando “la torta se de vuelta” y la situación de la rentabilidad del sector empiece a mejorar nuevamente.

En esa línea, el Med. Vet. Andrés Cugno de Porcal S.A.- empresa porcina modelo de Despeñaderos, a 40 km de Córdoba –  asegura que “el desafío es escalar en eficiencia en los índices productivos, pues es lo que hace que los momentos de crisis se pasen de la mejor manera”.

En cuanto a la nutrición, Cugno hizo hincapié en el índice de conversión como la variable clave a mirar para evaluar qué mejoras son necesarias y apuntar a un valor lo más bajo posible y producir cada kg de carne al menor costo”. Para lograrlo, una adecuada molienda tiene un impacto muy grande en hacer más eficiente la digestión de la ración, al igual que las bocas de comedero y la calidad del agua.

Hoy el mundo exige seguridad alimentaria, cuidado ambiental y trazabilidad en los productos. Esto implica una carne económicamente accesible producida sobre la base de la economía circular, con menor huella ambiental y cuidando el bienestar animal.

Por eso es importante invertir esfuerzos en dar la mayor transparencia a lo largo de la cadena y que esto le llegue como información al consumidor final. En ese camino, la integración de las etapas de procesamiento y las certificaciones son herramientas para alcanzar trazabilidad desde el grano hasta la mesa.

En cuanto a bienestar animal, estándares como el europeo o chileno incluyen prácticas orientadas a garantizar las mejores condiciones de vida para los porcinos: buenos espacios para los animales, disponibilidad de comederos, bebederos e instalaciones y manejo respetuoso de madres y lechones, adaptado a la biología y comportamiento de la especie.

En toda la ecuación, el factor humano es un pilar fundamental: “capacitar al personal, trabajar en la trazabilidad y en la implicancia del bienestar animal sobre lo que uno produce y su calidad”, cerró Cugno.

Al cierre, Brunori se mostró muy optimista para los próximos 10 años: “vamos a alcanzar el crecimiento que tenemos previsto y a consolidar una cadena con la participación equitativa de grandes empresas y pequeños productores, que son los protagonistas del desarrollo de los territorios, arraigo rural y valor agregado en origen”.

El plan estratégico de desarrollo prevé que el consumo interno para el 2030 crezca a 24-26 kg y alrededor de 800 mil toneladas exportadas, alcanzando más de 2 mill de tn totales anuales y duplicando el número actual de madres.

 

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