La necesidad de disminuir la pérdida y desperdicio de alimentos

Un tercio de los alimentos producidos se pierden o desperdician en el mundo. Las frutas y hortalizas figuran en los mayores porcentajes de perdida y desperdicio entre los alimentos.

 

Por Agustín Torriglia

Twitter: @AguTorriglia

Entre tantos problemas y noticias que se generan día a día en la agenda pública en nuestro país pasa totalmente desapercibida y no se presta la debida atención que se merece la perdida y desperdicio de alimentos a lo largo de la cadena agroalimentaria hasta el consumidor final.

Primero podemos comenzar hablando de que es una cadena agroalimentaria. La podemos definir como “un sistema que agrupa actores económicos y sociales interrelacionados que participan articuladamente en actividades que agregan valor a un bien o servicio, desde su producción hasta que este llega a los consumidores. Este sistema incluye a los proveedores de insumos y servicios, la transformación, la industrialización, el transporte, la logística y otros servicios de apoyo, como el de financiamiento y las políticas de gobierno” (García Winder et al 2009).

El diagrama de los eslabones de la cadena se compone de los: insumos, producción, procesamiento, distribución, comercialización y consumo.

Fuente IICA (2019)

Ahora bien, podemos diferenciar lo que es la perdida y el desperdicio. La “perdida” de alimentos se producen en los primeros eslabones y los “desperdicios” se producen en los eslabones posteriores, en la frontera que va de la comercialización al consumo.

Según la FAO, las estadísticas nos indican que los países en desarrollo sufren más pérdidas de alimentos durante la etapa de producción agrícola, mientras que, en las regiones de ingresos medios y altos, el desperdicio tiende a ser mayor a nivel del consumidor.

Para que tomemos dimensión de la problemática, las pérdidas y el desperdicio de alimentos son responsables de:

A nivel mundial

  • La producción de aproximadamente 3300 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono equivalente (huella de carbono), si fueran un país, estaría entre los tres principales países emisores de gases de efecto invernadero solo por detrás de los Estados Unidos y China (IICA, 2019).
  • Del mismo modo, 1 400 millones de hectáreas (el 28% por ciento de la superficie agrícola del mundo) se usan anualmente para producir alimentos que se pierden o desperdician (FAO, 2017)
  • Un tercio de los alimentos (aproximadamente 1.300 millones de toneladas anuales) que se producen a nivel mundial para consumo humano no son aprovechados, es decir, se pierden o se desperdician. Tanto para países industrializados como para en vías desarrollados aproximadamente tienen el mismo desaprovechamiento, 670 millones y 630 millones de toneladas respectivamente (IICA, 2019).
  • Las pérdidas y el desperdicio anuales en el mundo alcanzan aproximadamente un 30 % para los cereales; entre un 40 y un 50 % para los cultivos de raíces, frutas y hortalizas; un 20 % para cultivos oleaginosos, carne y productos lácteos; y un 35 % para el pescado (FAO, 2017).

En Argentina

  • Alrededor de 16 millones de toneladas son desaprovechados anualmente, lo que representa el 12,5% de la producción agroalimentaria. De las cuales 14,5 millones de toneladas son de pérdidas y 1,5 millones toneladas de desperdicio. De ese 12,5% podemos desglosar por sectores la perdida y desperdicio total, por ejemplo: Para Carnes ocurre un 17,1%, Cereales un 9,3%, Frutas un 29,8%, Hortalizas un 42,1%, Leche un 14,4%, Oleaginosas un 8,9%, Papa un 32,4% (Programa Nacional de Reducción de Pérdida y Desperdicio de Alimentos, Argentina, 2019).

Con solo evitar un cuarto de las perdidas y desperdicio sería suficiente para alimentar a 820 millones de personas que padecen hambre en todo el mundo y contribuir a reducir las emisiones de GEI.

Solo en EEUU se desperdicia alrededor del 40% de los alimentos. Por lo que es importante un cambio de hábitos ya sea desde no dejar sobras o conservar las mismas para otra comida, comprar solo lo que se necesita y no tener prejuicios con respecto a las frutas y vegetales “feos” o de forma irregular, que son igual de buenos.

La tecnología también puede ayudarnos en este camino de reducir el desperdicio de alimentos advierte Bill Gates en su último libro “Cómo evitar un desastre climático”. En él menciona dos empresas que están trabajando en este sentido. Por un lado, una empresa está desarrollando un recubrimiento invisible y vegetal que alarga la vida de frutas y verduras y por el cual este recubrimiento seria comestible y no afectaría el sabor. Otra empresa se encuentra desarrollando una “cesta inteligente” valiéndose del reconocimiento de imágenes para medir la cantidad de alimentos que se desperdician en los distintos hogares y además elabora un informe sobre todo lo que se desecha, junto al costo y la huella de carbono. Por lo que aclara, que puede ser un “sistema algo invasivo” pero ayudaría a proporcionar más información a los ciudadanos para tomar mejores decisiones.

La biotecnología vegetal moderna también permite disminuir las perdidas logrando aumentar la productividad y la sostenibilidad a través de cultivos más resistentes a las plagas, protección contra las enfermedades, malezas, y que sean resistentes al cambio climático. En este último caso se puede mencionar el Trigo HB4 con tolerancia a la sequía desarrollado por la empresa rosarina Bioceres que en los últimos días comenzó a cotizar en la bolsa de valores de Nasdaq.

Además, en Europa se encuentran varias apps para reducir el desperdicio. Entre ellas se pueden mencionar a “Too good to go” que es utilizado en varios países y en donde uno puede comprar a menor precio la comida que sobra en hoteles, restaurantes y negocios. También se encuentra “Nilus” que tiene como función principal conectar empresas con excedentes de alimentos con distintos comedores comunitarios. Como así también “Eat You Later” en el que distintos restaurantes ofrecen excedentes de alimentos a un descuento que puede rondar el 60%.

A estas iniciativas se le suma la implementación de las buenas prácticas agrícolas para el sector frutihortícola que ya rige la obligatoriedad en nuestro país y que tiene como objetivo asegurar la inocuidad de los alimentos, su preservación y el manejo racional de los recursos suelo, agua y energía. De esta manera poder lograr una trazabilidad con mayor transparencia e información para el consumidor. 

Esta problemática sin dudas que debe afrontarse a través de un cambio de hábitos, la utilización de distintas tecnologías, la organización de un esquema de logística que contemple el trabajo de los Bancos de Alimentos y los comedores comunitarios, entre otras, de manera que asegure una menor perdida y desperdicio de alimentos logrando así contribuir a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), especialmente el ODS 2 (Hambre Cero), el ODS 12 (Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles) y el ODS 13 (Acción por el clima) reduciendo la huella de carbono generada.