El suelo como reservorio de Carbono

Del 19 al 23 de Abril se celebra la semana mundial del suelo. Nuestro país está a la vanguardia en la implementación de prácticas tendientes a la conservación del suelo.

Por Agustín Torriglia

Twitter: @AguTorriglia

agutorriglia@gmail.com

Para 2050 debemos aumentar en un 50% la producción de alimentos, fibras y energía para una población mundial creciente y en paralelo con una crisis climática, por lo que esto solo será posible si producimos más con menos, sin generar o disminuyendo las externalidades negativas al ambiente y en donde el suelo cumple un papel primordial para la agricultura.

El suelo es un recurso no renovable y es el medio en el cual crecen y se desarrollan los cultivos, pasturas y bosques, por lo que es el principal sustento que provee de alimentos, fibras y energía para la humanidad. Al ser un recurso no renovable se necesitan alrededor de 500 años para que se formen de manera natural 2 cm de tierra vegetal fértil. De allí surge la necesidad de fomentar su conservación a través de buenas practicas agrícolas.  

Dentro de las funciones del suelo es importante destacar que aportan diversos servicios ecosistémicos que permiten la vida en la Tierra que van desde: el suministro de alimentos y energía, la regulación del clima, el ciclo de los nutrientes, retención de carbono, purificación del agua y reducción de contaminantes del suelo, el hábitat de diversos organismos, la regulación de las inundaciones, base de la urbanización, recreación y deporte, entre otras.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO):

-El suelo retiene el triple de carbono que la atmósfera y puede ayudarnos a luchar contra el cambio climático.

-Unos 815 millones de personas sufren inseguridad alimentaria y aproximadamente 2000 millones no disponen de alimentos suficientemente nutritivos. Esta situación se podría mitigar mediante la gestión adecuada de los suelos.

-El 95% de los alimentos proviene del suelo.

-El 33% de los suelos del planeta están degradados.

En el XXVIII Congreso de Aapresid, el geólogo David Montgomery afirmaba: “Estamos cerca de una revolución basada en la salud del suelo; en un punto de cambio en la historia. Podemos convertir a la agricultura en actor de recuperación del suelo en lugar de degradador. La reconstrucción del suelo es una de las inversiones más grandes que puede hacer hoy la humanidad”. Y agrega: “Se habla de la deforestación como causante principal de esta degradación, pero la realidad es que el arado contribuyó más que el hacha”.

En nuestro país a través de la implementación del Sistema de Siembra Directa que dio comienzo a mediados de los 80, principios de los 90, de la mano e impulso de AAPRESID (Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa) y el INTA, una práctica basada en la no remoción del suelo y la presencia de cobertura permanente ya sea por rastrojo o cultivos, logro generar una gran disminución de la degradación del suelo producida por la erosión, una menor evaporación y ahorro de combustibles por ausencia de laboreo.

El INTA afirma “La no remoción del suelo permite la conservación de la porosidad general y en particular la Bio-porosidad. Los Bioporos generados por las lombrices y las raíces son más continuos, menos tortuosos y más estables que los macroporos creados por las labranzas, por eso resultan más efectivos para el movimiento de agua, aire y crecimiento de las nuevas raíces” (INTA, 2011).

Este rastrojo que permanece sobre el suelo cumple la función de protector logrando prevenir la erosión por lluvia o el viento, a lo que se le suman los microorganismos que van a ir degradando este rastrojo nutriendo el suelo. 

Figura 1: Evolución de la superficie en siembra directa (%). Campañas 1988/89 a 2019/20.  (fuente: Bolsa de Cereales /Aapresid)

Además, esta práctica contribuye a mayor infiltración del agua, una menor emisión de carbono, una mayor fertilidad de nuestros suelos y actividad biológica, como una mayor estabilidad de producción y rendimientos. 

Por lo que “El sistema de siembra directa tiene un gran potencial en el secuestro de carbono, en la mejora de la calidad del suelo y en el logro de una productividad sostenida de los cultivos” (Huang Y, et al. 2018). A lo que el científico Rattan Lal, ganador del Premio Nobel de la Paz y del Premio Mundial de Alimentación en 2020 agrega: “El aumento de las reservas de carbono orgánico del suelo se considera una estrategia de beneficio mutuo, ya que permite la transferencia de CO2 desde la atmósfera, al tiempo que mejora la calidad y fertilidad de los suelos” (Lal, 2004).

Todo esto, de la mano de la incorporación de gramíneas en la rotación de cultivos, la incorporación de cultivos de servicios, también denominados como cultivos de cobertura como lo pueden ser el Centeno, Avena, Vicia, entre otras especies, logrando mantener plantas vivas todo el año en el lote, una mayor cantidad de raíces, mayor fotosíntesis y mayor captura de dióxido de carbono, teniendo al suelo como sumidero de carbono.

Nuestro país es ejemplo a nivel mundial en la incorporación de estas prácticas. Una muestra de ello, se dio en el Foro Global de Alimentación y Agricultura organizado por Alemania del 18 al 22 de Enero pasado y con la participación de más de 80 ministros de Agricultura, representantes de ONU, FAO, UE, entre otras instituciones. Todos los aportes realizados – además de los mencionados anteriormente- en representación de nuestro país fueron aceptados en el documento final del Foro Internacional de Jóvenes Agricultores, mostrando una vez más a nuestra país en la vanguardia en la conservación de los suelos y la importancia de nuestro complejo agroindustrial.