Lula reivindicó la soberanía brasileña ante las presiones de Estados Unidos
“Somos un país soberano, y nuestras decisiones nos pertenecen a nosotros y a nadie más”, afirmó el jefe de Estado, en una crítica indirecta a las medidas comerciales adoptadas por Washington, en el marco del desfile por el Día de la Independencia.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, en campaña por su reelección, encabezó este lunes el desfile cívico-militar por el Día de la Independencia, en el que reafirmó la soberanía del país en medio de las tensiones con el gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Lula, ataviado con la banda presidencial, lideró el acto en Brasilia junto al vicepresidente y su compañero de fórmula para las próximas elecciones, Geraldo Alckmin; la primera dama, Rosângela Lula da Silva, y los jefes de los poderes legislativo y judicial, entre otras autoridades. El desfile de este año giró en torno a tres banderas de la administración del dirigente progresista: la soberanía nacional, el combate a la violencia contra las mujeres y la Copa del Mundo de fútbol femenino, que Brasil organizará el próximo año.
“Soberanía, la fuerza que une a Brasil” fue el lema que encabezó la presentación de las tropas y que el líder progresista está usando como mecanismo electoral para movilizar a los votantes de cara a las presidenciales. En esta línea, Lula sostuvo que ningún país extranjero tiene derecho a decirle a Brasil de quién puede comprar y a quién puede vender, en una crítica indirecta a las medidas comerciales adoptadas por Washington. “Defendemos el libre comercio. Ningún país extranjero tiene derecho a decirnos de quién podemos comprar y para quién podemos vender. Somos un país soberano, y nuestras decisiones nos pertenecen a nosotros y a nadie más”, afirmó el jefe de Estado, en un discurso transmitido por radio y televisión y sin referirse directamente al presidente estadounidense.
Según el diario Página 12, por decisión de la administración Trump, algunos productos brasileños quedaron sujetos a aranceles adicionales que elevan hasta el 37,5% la tasa aplicada a sus exportaciones. En ese contexto, Lula afirmó que el carácter pacífico de Brasil no significa “bajar la cabeza ante las potencias extranjeras”. “No somos colonia y no seremos colonia de nadie”, subrayó. El mandatario también defendió que las riquezas naturales del país sean utilizadas para impulsar su desarrollo económico y social: recordó que Brasil posee la segunda mayor reserva de tierras raras del mundo, la mayor fuente de agua dulce del planeta y una nueva reserva de petróleo descubierta recientemente en la costa amazónica.
Precisamente, el Congreso brasileño aprobó el miércoles pasado una ley para impulsar la extracción de minerales críticos, una de las prioridades de Lula frente a las presiones de Trump. Al contar con una de las mayores reservas mundiales de estos materiales esenciales para la transición energética, el país se posiciona como un actor clave en la cadena de suministro de productos que van desde baterías de vehículos eléctricos hasta turbinas eólicas. Para el líder progresista, un país soberano debe ser capaz de defender su territorio, sus fronteras, su medio ambiente, sus riquezas y su población frente a intereses extranjeros, pero también de ofrecer a sus ciudadanos condiciones para conquistar su propia “independencia”. El gobernante también reivindicó el carácter pacífico de Brasil y afirmó que el país trabaja por la paz mundial, defiende el libre comercio y apuesta por la armonía entre las naciones.
En otra manifestación, celebrada en la Avenida Paulista de San Pablo, Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y candidato opositor, aseguró: “Lula es responsable por el caos moral que Brasil está pasando hoy. Quien vota a Lula, está votando a Alexandre de Moraes”. El candidato del Partido Liberal vinculó así la imagen de Lula con la del juez De Moraes, famoso mundialmente por conducir el juicio que llevó a prisión a Jair Bolsonaro por golpismo y que ahora encara un escándalo por su cercanía con Daniel Vorcaro, un banquero encarcelado por un fraude millonario. A pesar de las bajas temperaturas, que superaron por poco los 10 grados centígrados, miles de simpatizantes arroparon al hijo mayor de Bolsonaro con banderas de Brasil, de Estados Unidos y de Israel. Los manifestantes también exhibieron un muñeco inflable de Trump, sujetando a un Lula vestido de presidiario.
En su campaña, Lula propone un Estado fuerte, con un importante gasto en políticas sociales. Flavio Bolsonaro, el senador ultraderechista y primogénito del expresidente, promete, en cambio, un ajuste similar al de Javier Milei en Argentina y una política de seguridad que se inspira en la mano dura del salvadoreño Nayib Bukele. Lula sigue liderando las encuestas de intención de voto, con 38% del favoritismo, mientras que Flavio Bolsonaro tiene el 33%, según un sondeo divulgado el jueves pasado por la firma Datafolha. Este escenario repite al de 2022, cuando Brasil se dividió casi a la mitad entre Lula y Bolsonaro padre, y las elecciones se decidieron en segunda vuelta por menos de un punto porcentual. Datafolha mostró igualmente que el 47% de los electores rechaza votar por Flavio Bolsonaro, mientras que el índice de rechazo de Lula es del 45%. La encuesta también confirmó que, por detrás de Lula y de Bolsonaro, el escritor Augusto Cury, del partido centrista Avante, se consolidó como el tercero en discordia con un 8% de intención de voto. La primera vuelta de las elecciones se celebra el 4 de octubre y si ningún candidato supera la mitad de los votos, se organizará una segunda vuelta el 25 de octubre con los dos más votados.
