El salar que divide Salta y Catamarca se prepara para un salto cuantitativo. BID Invest, la unidad privada del Grupo Banco Interamericano de Desarrollo, acaba de anunciar en Washington un financiamiento de hasta u$s700 millones para la expansión del proyecto Sal de Oro, operado por Posco Argentina. El objetivo: llevar la producción anual a 48.000 toneladas entre hidróxido y carbonato de litio, y generar alrededor de 620 empleos permanentes.
La operación no es un hecho aislado. Forma parte de un plan mucho más ambicioso que, según proyecciones de la Secretaría de Minería, prevé inversiones sectoriales por US$ 15.000 millones hacia 2035. El proyecto ya cuenta con el respaldo del RIGI, el régimen que incentiva grandes inversiones, y se suma a otros cuatro emprendimientos litíferos que acumulan compromisos por US$ 5.518 millones.
Justo en este punto, la información oficial difundida por el diario Ámbito destaca un dato clave: el financiamiento se estructurará en dos tramos. Un préstamo A de US$ 250 millones, a cargo directo de BID Invest, más otros US$ 450 millones que se movilizarán desde entidades financieras internacionales, mediante un esquema A/B pensado para acompañar el escalamiento operativo de la planta durante sus primeros meses de funcionamiento.
Además del capital, la entidad multilateral implementará un Plan de Acción Ambiental y Social y otro de Gobierno Corporativo, con foco en el vínculo comunitario, la gestión de recursos naturales y la gobernanza interna. La iniciativa se enmarca en IDB LAC Minerals, el programa del BID para fortalecer cadenas de valor de minerales críticos en América Latina y el Caribe, con el objetivo de que los países de la región no solo extraigan, sino que también procesen y agreguen valor.
En palabras de James Scriven, gerente general de BID Invest, “buscamos apoyar inversiones que fortalezcan las capacidades productivas de la región y amplíen su participación en segmentos industriales más avanzados”. Con este respaldo, Argentina apunta a más que duplicar su capacidad instalada en la próxima década: de las 201.000 toneladas actuales de carbonato de litio equivalente (LCE) a más de 517.000. En ese escenario, las exportaciones podrían superar los u$s11.000 millones anuales hacia 2035, un salto de 17 veces frente al nivel de 2024.