Estados Unidos activa un arancel del 25% a Brasil y amplía su ofensiva comercial
La medida entró en vigencia tras una investigación de Washington por supuestas prácticas comerciales desleales. Aunque Lula da Silva había anticipado represalias, el Gobierno brasileño moderó su posición y ahora prioriza la negociación, mientras Donald Trump prepara nuevos gravámenes para decenas de países.

Estados Unidos puso en vigencia un arancel del 25% sobre productos importados desde Brasil, en una nueva escalada de la política comercial impulsada por Donald Trump. La medida fue adoptada luego de una investigación en la que Washington acusó al país sudamericano de aplicar prácticas comerciales desleales, mientras otros socios se preparan para una posible ampliación de los gravámenes estadounidenses.
La decisión provocó inicialmente una fuerte reacción del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien calificó los aranceles como injustos e ilegales y anticipó la aplicación de la ley de reciprocidad comercial. Sin embargo, el Gobierno brasileño moderó posteriormente su postura y comenzó a destacar la necesidad de abrir un canal de negociación con la administración de Trump.
El vicepresidente Geraldo Alckmin sostuvo que Brasil no busca responder mediante una escalada de represalias y advirtió que una confrontación comercial podría perjudicar a ambas economías. También aseguró que el país mantendrá su disposición al diálogo, aunque insistió en que el arancel carece de fundamentos debido a que la balanza bilateral presenta un superávit favorable a Estados Unidos.
De acuerdo con Ámbito, el cambio de tono del Gobierno brasileño estaría relacionado con las advertencias de los sectores empresariales más expuestos a la medida, entre ellos los fabricantes de calzado y maquinaria. Diversas compañías rechazaron la posibilidad de activar la ley de reciprocidad aprobada por el Congreso en abril de 2025, ante el temor de que una respuesta inmediata profundice las pérdidas.
La Cámara de Comercio Americana para Brasil estimó que el nuevo gravamen alcanza a exportaciones por más de US$11.000 millones. La medida tendrá impacto sobre distintas cadenas productivas y podría afectar la competitividad de los bienes brasileños en el mercado estadounidense, especialmente si los importadores trasladan el costo adicional a los precios finales.
Desde Washington, la política forma parte de una estrategia más amplia que utiliza los aranceles como instrumento de presión económica y diplomática. Aunque la Corte Suprema estadounidense anuló en febrero una parte de las medidas anteriores, la administración de Trump reconstruyó su agenda comercial mediante otras facultades y mecanismos legales.
Analistas internacionales consideran que Brasil podría estar siendo utilizado como ejemplo para transmitir un mensaje al resto de los socios comerciales. La afirmación estadounidense de que Lula no negoció de buena fe también alimentó la percepción de que el conflicto incluye un componente político, más allá de las diferencias estrictamente económicas.
La disputa adquiere además una importancia electoral, debido a que faltan tres meses para las elecciones presidenciales de Brasil. Los aranceles se perfilan como uno de los temas centrales de la campaña que enfrenta a Lula con el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, quien buscará capitalizar el deterioro del vínculo bilateral.
Trump también enfrenta su propio calendario político ante las próximas elecciones legislativas estadounidenses. En ese contexto, anunció aranceles del 100% sobre los medicamentos genéricos importados desde agosto de 2028, con la intención de elevarlos al 200% durante 2029 como parte de su estrategia para incentivar la producción interna.
La ofensiva podría ampliarse todavía más, ya que las autoridades estadounidenses propusieron gravámenes de entre el 10% y el 12,5% para unos 60 países acusados de no adoptar medidas suficientes contra la importación de bienes elaborados mediante trabajo forzado. Brasil figura entre las economías que podrían quedar alcanzadas por ese esquema adicional.
La evolución del conflicto dependerá de las negociaciones que puedan sostener ambos gobiernos durante las próximas semanas. Mientras Brasil intenta evitar una guerra comercial que afecte a sus exportadores, Estados Unidos continúa utilizando los aranceles para renegociar sus vínculos económicos y ejercer presión sobre sus principales socios.
