Japón negó presiones sobre el banco central para mantener bajas las tasas de interés

El Gobierno aseguró que respeta la autonomía del Banco de Japón y rechazó que su nuevo plan económico implique abandonar la disciplina fiscal. Las dudas del mercado llevaron el rendimiento de los bonos a diez años a su nivel más alto en tres décadas.

 

El Gobierno de Japón rechazó las versiones que lo acusaban de intentar condicionar al Banco de Japón para que mantuviera bajas las tasas de interés y de flexibilizar su compromiso con la disciplina fiscal. La aclaración se conoció después de que un borrador del nuevo plan económico despertara preocupación entre los inversores y provocara una fuerte suba en los rendimientos de la deuda pública.

El documento, difundido el mes pasado, exhortó al banco central a coordinar su política monetaria con los esfuerzos oficiales destinados a impulsar el crecimiento. Además, eliminó formulaciones anteriores que establecían compromisos más explícitos para mejorar la situación fiscal del país.

La combinación de esas modificaciones fue interpretada por el mercado como una señal de que el Ejecutivo podría favorecer una política monetaria más expansiva y un mayor nivel de gasto público. Como consecuencia, el rendimiento de los bonos estatales japoneses a diez años avanzó hasta el 2,83%, su máximo en 30 años.

Los inversores temen que una política fiscal más expansiva, acompañada por tasas de interés bajas, pueda agravar el deterioro de las finanzas públicas y retrasar futuras subas de tasas por parte del Banco de Japón.

Según informó Ámbito, el ministro de Economía, Minoru Kiuchi, calificó esa interpretación como un “malentendido” y aseguró que no existe ningún cambio en la postura oficial respecto de la independencia de la autoridad monetaria.

“No hay ningún cambio en la postura del Gobierno de que los instrumentos concretos de política monetaria son competencia del Banco de Japón”, afirmó durante una conferencia de prensa.

Kiuchi también negó que el Ejecutivo tenga previsto recurrir a un gasto descontrolado y sostuvo que la redacción del borrador no supone un abandono de la responsabilidad fiscal. Por el momento, el Gobierno no contempla modificar el contenido relacionado con la política monetaria y presupuestaria.

El plan será sometido a aprobación definitiva en una reunión del Consejo de Ministros prevista para este mes. Se trata del primer programa económico elaborado bajo la conducción de la primera ministra Sanae Takaichi.

Uno de los principales cambios consiste en que Japón dejará de establecer objetivos anuales para alcanzar un superávit presupuestario primario. En cambio, ese indicador será evaluado y administrado dentro de un horizonte de varios años.

El nuevo eje de la política fiscal será la relación entre la deuda pública y el producto interno bruto. Este indicador puede mostrar una mejora siempre que la economía crezca a un ritmo suficiente, incluso si el volumen nominal del endeudamiento continúa aumentando.

Desde que asumió el cargo en octubre, Takaichi defendió una política fiscal que define como responsable y proactiva. Su objetivo es revertir décadas de inversión insuficiente que, según su diagnóstico, redujeron la competitividad y debilitaron el crecimiento de la economía japonesa.

La estrategia contempla un mayor impulso a la inversión pública y a las políticas destinadas a estimular la actividad. Sin embargo, la falta de precisiones sobre la forma en que se financiarán esas medidas generó inquietud entre los operadores financieros.

Japón mantiene uno de los niveles de deuda pública más elevados del mundo, por lo que cualquier señal de mayor gasto sin fuentes claras de financiamiento puede provocar movimientos importantes en el mercado de bonos.

El aumento de los rendimientos refleja que los inversores exigen una mayor compensación para financiar al Estado ante la posibilidad de que aumente la emisión de deuda o se deteriore la posición fiscal.

A esto se suma la incertidumbre sobre las próximas decisiones del Banco de Japón. El organismo comenzó a abandonar gradualmente las políticas monetarias ultraflexibles aplicadas durante años, aunque el ritmo de las posibles subas de tasas sigue siendo motivo de debate.

El Gobierno busca ahora transmitir que su estrategia de crecimiento no interferirá con las decisiones del banco central y que el mayor impulso fiscal será compatible con una administración responsable de las cuentas públicas.

Pese a las aclaraciones, el mercado continuará atento a la versión definitiva del plan, a los detalles sobre su financiamiento y a las señales que pueda ofrecer el Banco de Japón sobre la evolución futura de las tasas.

La reacción de los bonos demuestra que los inversores todavía mantienen dudas sobre el equilibrio entre crecimiento, gasto y sostenibilidad fiscal. El desafío del Ejecutivo será impulsar la economía sin profundizar los desequilibrios financieros ni generar la percepción de que busca limitar la autonomía de la autoridad monetaria.

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