Milei prepara el camino hacia 2027 con acuerdos políticos y un plan para pagar la deuda

El Gobierno busca ampliar su base de apoyo, avanzar con la eliminación de las PASO y garantizar estabilidad financiera durante el próximo año electoral.

El presidente Javier Milei comenzó a preparar el escenario político y económico sobre el que pretende disputar su reelección en 2027. Mientras el ministro de Economía, Luis Caputo, termina de definir un programa financiero orientado a despejar las dudas sobre el pago de la deuda, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, tendrá la tarea de construir acuerdos con gobernadores, legisladores y fuerzas aliadas para ampliar la base de sustentación del oficialismo.

Las dos discusiones avanzan en paralelo y forman parte de una misma estrategia. Por un lado, el Gobierno busca convencer a los mercados de que Argentina podrá cumplir sus compromisos financieros sin sobresaltos durante lo que resta de 2026 y a lo largo del próximo año electoral. Por otro, pretende reunir apoyos para eliminar o suspender las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias, además de generar condiciones para una coalición política más amplia.

Después de un año y medio concentrado principalmente en estabilizar la economía, reducir la inflación, ordenar las cuentas públicas e impulsar reformas desde una posición minoritaria en el Congreso, Milei decidió abrir una nueva etapa. El rumbo económico se mantiene, pero la prioridad política empezó a cambiar: el Presidente ya no busca únicamente consolidar a La Libertad Avanza como una fuerza nacional con identidad propia, sino también definir con qué gobernadores y dirigentes puede construir una mayoría más extensa.

La llegada de Santilli a la Jefatura de Gabinete dejó la primera imagen de esta nueva fase. Los trece gobernadores que participaron de su jura en la Casa Rosada no fueron convocados solamente para acompañar al funcionario, sino también para transmitir que el segundo tramo de la gestión requerirá un nivel de acuerdos políticos mayor al que caracterizó la primera etapa.

La escena tendrá continuidad durante la vigilia por el Día de la Independencia en San Miguel de Tucumán, donde Milei volverá a compartir una actividad con varios mandatarios provinciales. Desde la Casa Rosada buscan instalar la idea de una nueva relación con las provincias, basada en una mayor negociación, aunque sin abandonar la confrontación con el kirchnerismo ni modificar la identidad libertaria.

Según informó Infobae, el Gobierno asumió que un eventual segundo mandato necesitará una mayoría política mucho más amplia que la actual. Santilli sintetizó ese enfoque al señalar que, en la etapa que viene, los colores partidarios dejarán de ser determinantes y la discusión se ordenará entre quienes quieran continuar con el rumbo oficial y quienes propongan volver atrás.

El mensaje está dirigido principalmente a gobernadores del PRO, dirigentes radicales, partidos provinciales y sectores del peronismo que observan con preocupación la disputa entre Axel Kicillof y el kirchnerismo. En ese escenario, la discusión sobre la eliminación de las PASO dejó de ser considerada por el oficialismo como una simple reforma electoral y pasó a ocupar un lugar central en la estrategia para 2027.

La primera razón es parlamentaria. El Gobierno necesita negociar con gobernadores que concentran buena parte del poder real en el Senado, una Cámara que se transformó en el principal ámbito de negociación entre la Casa Rosada y las provincias. Allí, el oficialismo continúa sin controlar los tiempos políticos y depende de acuerdos para avanzar con sus proyectos prioritarios.

La vicepresidenta Victoria Villarruel convocó a una nueva reunión de Labor Parlamentaria en un contexto de fuerte distancia política con Milei. Dentro del Gobierno reconocen que será difícil reunir las condiciones necesarias para avanzar con una sesión, debido a que varios senadores anticiparon que no estarán en Buenos Aires y que los proyectos oficiales volverán a depender de las conversaciones con los mandatarios provinciales.

Esta situación explica buena parte del cambio de método. La Casa Rosada comprendió que la resistencia de los gobernadores no puede superarse únicamente mediante discursos confrontativos y que será necesario abrir canales de diálogo estables. La designación de Santilli responde precisamente a esa necesidad de reconstruir vínculos y administrar las negociaciones políticas cotidianas.

Sin embargo, la posible eliminación de las PASO también persigue un objetivo más ambicioso: condicionar la reorganización del peronismo. Cristina Kirchner quedó fuera de la competencia electoral después de su condena y de la inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos, mientras Kicillof avanza con un proyecto presidencial propio y Máximo Kirchner intenta preservar la centralidad de la expresidenta y de La Cámpora.

Al mismo tiempo, gobernadores, intendentes y otros sectores del Partido Justicialista observan esa disputa sin haber definido todavía quién conducirá al espacio en la etapa posterior al liderazgo de Cristina Kirchner. En la actualidad, las PASO constituyen el principal mecanismo institucional para ordenar esa interna. Sin elecciones primarias, el conflicto debería resolverse mediante negociaciones entre los distintos sectores del peronismo.

En la Casa Rosada consideran que ese escenario beneficiaría al oficialismo porque dificultaría la reorganización de la principal fuerza opositora y, al mismo tiempo, abriría la posibilidad de captar a dirigentes peronistas que ya no se sienten representados por la conducción kirchnerista, pero que necesitan preservar su peso territorial.

La estrategia no contempla necesariamente que todos esos dirigentes se incorporen formalmente a La Libertad Avanza. La Boleta Única de Papel habilitaría una arquitectura electoral en la que la candidatura presidencial de Milei podría convivir con listas legislativas de gobernadores o fuerzas provinciales que conservarían su identidad política.

Antes de avanzar con esas negociaciones, Milei decidió ordenar la dinámica interna del oficialismo. Tras las tensiones que provocó la salida de Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete, en medio de investigaciones sobre su situación patrimonial, y las diferencias generadas por la abstención de Patricia Bullrich en la votación del pliego de la jueza María Verónica Michellini, el Gobierno eligió contener las disputas antes que profundizarlas.

Bullrich continuará participando de la mesa política y mantendrá actividades con la estructura que conduce Karina Milei en la Ciudad de Buenos Aires. Aunque semanas atrás se especulaba con una posible ruptura, el Presidente y su hermana decidieron congelar los desacuerdos internos para concentrar la energía del Gobierno en las negociaciones externas.

Karina Milei y Eduardo “Lule” Menem continúan concentrando las principales decisiones políticas, pero la ejecución de la estrategia comenzó a distribuirse. Santilli quedó a cargo de la negociación cotidiana; Adrián Ravier asumió la vocería presidencial con un perfil más institucional; y Fabián Fernández empezó a coordinar una comunicación enfocada en ordenar el mensaje oficial y reducir la confrontación permanente.

De esta manera, el centro de gravedad del poder no cambió, pero sí se modificó la forma de administrarlo. El Gobierno ya no analiza únicamente cómo aprobar una ley o superar una votación puntual en el Congreso, sino cómo construir una mayoría que pueda mantenerse más allá del actual mandato.

En paralelo, Caputo trabaja en responder una pregunta que suele reaparecer cuando un gobierno ingresa en un proceso electoral: de dónde saldrán los dólares necesarios para afrontar los vencimientos de deuda. El mensaje estará dirigido principalmente a los mercados, aunque también tendrá una dimensión política.

La Casa Rosada quiere demostrar que el Estado cuenta con un programa financiero capaz de garantizar el cumplimiento de sus compromisos durante lo que resta de 2026 y todo 2027. El objetivo no consiste solamente en presentar cifras, sino en instalar una señal de previsibilidad que funcione como un activo político de cara a las elecciones.

La apuesta oficial es llegar a 2027 con una economía en crecimiento, la inflación estabilizada, una recuperación gradual de los ingresos, creación de empleo privado, un mercado cambiario sin sobresaltos y un esquema de financiamiento que elimine las dudas sobre el pago de la deuda.

Los antecedentes recientes explican esta preocupación. Desde 2015, ningún oficialismo consiguió conservar la Presidencia dentro de su propio espacio. El kirchnerismo perdió con Daniel Scioli frente a Mauricio Macri; Macri no logró renovar su mandato frente a Alberto Fernández; y Unión por la Patria tampoco pudo sostener el poder con Sergio Massa ante Milei.

Aunque cada derrota tuvo causas diferentes, todos esos procesos compartieron un elemento: la economía terminó condicionando el desenlace político. Milei busca romper esa secuencia mediante una estrategia que combine estabilidad financiera y ampliación de la base política.

Por eso, las tareas de Caputo y Santilli están estrechamente vinculadas. Una economía previsible puede facilitar los acuerdos con gobernadores y aliados, mientras una mayoría política más amplia puede reforzar la credibilidad del programa económico y reducir la incertidumbre que suele aparecer en los años electorales.

La participación de Milei y su Gabinete en la vigilia del Día de la Independencia en Tucumán será otra señal de esa estrategia. Después de la fotografía que dejó la jura de Santilli junto a trece gobernadores, el Presidente volverá a mostrarse con mandatarios provinciales en un momento en el que necesita reconstruir puentes sin perder el liderazgo del proceso.

Milei no abandonó la confrontación con el kirchnerismo ni la batalla cultural que caracterizó a su gestión. Lo que comenzó a hacer es distinguir entre sus adversarios políticos y aquellos dirigentes con los que podría alcanzar acuerdos.

Desde esa perspectiva, cada movimiento adquiere un sentido electoral. La eliminación de las PASO se convierte en una herramienta para modificar el escenario en el que deberá reorganizarse el peronismo; la negociación con los gobernadores pasa de ser una necesidad parlamentaria a transformarse en la base de una mayoría para un eventual segundo mandato; y el programa financiero deja de ser solamente un anuncio económico para convertirse en una señal de estabilidad hacia 2027.

Los cambios dentro del Gobierno también responden a esa lógica. Santilli, Ravier y Fernández no llegaron para alterar el rumbo de la administración libertaria, sino para gestionar una etapa diferente del mismo proyecto.

Durante el primer año y medio, Milei construyó poder diferenciándose del resto del sistema político. Ahora comenzó a seleccionar con quiénes está dispuesto a compartir parte del camino. El objetivo permanece intacto, pero el método empezó a cambiar mientras el Gobierno prepara el terreno para la próxima elección presidencial.

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