Delegados europeos advierten que el acuerdo UE-Mercosur exigirá “sacrificios” para Argentina

Diplomáticos y especialistas señalaron que el tratado abrirá oportunidades para la minería, la energía, la agroindustria y la reconversión automotriz, pero también requerirá cambios jurídicos, comerciales y productivos. Advirtieron que la industria manufacturera, los lácteos y los vinos podrían enfrentar mayores desafíos.

 

El acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur es considerado uno de los tratados más grandes y ambiciosos del mundo, pero su implementación plena exigirá adaptaciones profundas en las economías de ambos bloques. En el caso argentino, delegados europeos advirtieron que el país deberá realizar “sacrificios” para aprovechar su potencial dentro del nuevo esquema comercial.

La advertencia fue formulada por el embajador de España en Argentina, Joaquín María de Arístegui Laborde, durante el Foro Económico Catalunya-Cono Sur, realizado en la Cámara Argentina de Comercio. El diplomático sostuvo que el acuerdo representa una apuesta por la “coprosperidad” entre ambas regiones, aunque remarcó que no será un proceso automático ni exento de costos.

“Nada es mágico ni gratis, va a exigir sacrificio”, afirmó Laborde, al señalar que el tratado implicará cambios jurídicos, comerciales y normativos. Para explicar el desafío, comparó la situación argentina con la experiencia de España al ingresar a la Unión Europea a mediados de los años ochenta.

“¿Acaso creen que cuando España entró a la UE no sacrificó nada?”, planteó el embajador, quien destacó que, tras su integración al bloque, España logró convertirse en una de las economías que más crecimiento y empleo aportó a la Unión Europea en los últimos años.

Según informó Ámbito, una mirada similar fue planteada por el delegado del Gobierno de Catalunya para el Cono Sur, Josep Vives Portell, quien recordó que antes del ingreso de España a la Unión Europea también existía mucho escepticismo. Sin embargo, destacó que el proceso terminó teniendo un impacto positivo, especialmente en grandes ciudades como Madrid, Barcelona y Bilbao.

Portell reconoció que la implementación del acuerdo será compleja, pero consideró que esa complejidad debe ser vista como una oportunidad. “Esto va a ser muy complicado, pero va a ser emocionante”, sostuvo. Además, señaló que las 4.000 páginas que conforman el acuerdo no deberían generar temor, sino funcionar como un estímulo para avanzar.

Uno de los puntos centrales del debate fue el impacto que el tratado podría tener sobre la industria argentina, en particular en la provincia de Buenos Aires. Laborde advirtió que será necesario observar cómo afectará a los distintos sectores productivos y afirmó que el éxito del acuerdo dependerá de que sus beneficios sean percibidos por los ciudadanos, no solo por algunos productores exportadores.

El embajador de la Unión Europea en Argentina, Eric Hoeg, sostuvo que las economías de ambos bloques son complementarias. Señaló que la Unión Europea cuenta con ventajas competitivas en maquinarias, vehículos, productos farmacéuticos y químicos, mientras que el Mercosur exporta alimentos, energía, materias primas, ciertos productos industriales y tiene potencial en servicios.

En ese marco, Hoeg afirmó que Buenos Aires tendrá un papel fundamental, ya que las empresas podrán acceder a nuevas oportunidades a partir de la apertura de un mercado con alto poder adquisitivo y mayor previsibilidad arancelaria.

El diplomático destacó que para pequeñas y medianas empresas de Mendoza, Córdoba, Santa Cruz o el Conurbano bonaerense, esa previsibilidad puede significar la posibilidad concreta de planificar exportaciones. Para Hoeg, ese es uno de los activos más valiosos del acuerdo, porque puede influir en decisiones de inversión a 10, 20 o 30 años.

La minería fue uno de los sectores más destacados por los expositores. Hoeg remarcó que la transición energética europea necesita litio y cobre, recursos en los que Argentina cuenta con reservas de clase mundial. Según sostuvo, el inversor europeo no busca únicamente extraer y retirarse, sino asociarse con la cadena de valor local, transferir tecnología y respetar altos estándares ambientales.

José Antonio Ardavin, jefe de la División América Latina y el Caribe de la OCDE, coincidió en esa mirada y señaló que la región ocupa una posición estratégica en el suministro global de minerales críticos. América Latina y el Caribe concentran el 40% de las reservas de litio y el 32% de las reservas de cobre.

Sin embargo, los especialistas remarcaron que no todos los sectores tendrán el mismo impacto. Romain Zivy, director de la oficina de la CEPAL en Argentina, sostuvo que la minería, la energía y la agroindustria serían los grandes ganadores dentro del Mercosur.

En cambio, la industria manufacturera, la producción de lácteos y el sector vitivinícola podrían enfrentar mayores dificultades. En el caso de lácteos y vinos, el desafío estaría vinculado a las barreras comerciales que la Unión Europea mantiene para proteger su producción local.

Zivy planteó que el acuerdo debe ser visto como una oportunidad para que el Mercosur reduzca brechas de competitividad, no solo productivas. En ese sentido, remarcó la necesidad de desarrollar proveedores locales vinculados a las actividades con ventajas comparativas que podrían verse beneficiadas por el tratado.

Ardavin también subrayó que la región tiene una fuerte experiencia en exportación de commodities, pero advirtió que el desafío va más allá de vender materias primas. Para el especialista, será clave transformar la riqueza mineral en capacidades productivas, innovación, procesamiento y desarrollo industrial sostenible.

El sector automotor ocupó un lugar relevante en el debate. Zivy señaló que el comercio entre los países del Mercosur cayó del 28% en los años noventa al 12% actual, una tendencia que consideró preocupante porque va en sentido contrario a lo que ocurre en otros bloques del mundo.

Dentro del comercio intrabloque, el 25% corresponde al sector automotor, considerado por la CEPAL como el principal vector de integración regional. Sin embargo, el rubro enfrenta el desafío de la creciente demanda de autos eléctricos chinos.

Ardavin sostuvo que el Mercosur, especialmente Argentina y Brasil, cuenta con una industria automotriz sólida y con tradición exportadora. Por eso, planteó la posibilidad de avanzar en una reconversión hacia vehículos eléctricos, aprovechando además la disponibilidad de minerales críticos en la región.

En un escenario internacional marcado por tensiones geopolíticas y reconfiguración de cadenas de valor, los expositores coincidieron en que la integración regional será cada vez más importante. Para Argentina, el acuerdo UE-Mercosur puede abrir nuevas oportunidades comerciales y de inversión, pero también exigirá reformas, adaptación productiva y una estrategia clara para que los beneficios no queden concentrados en pocos sectores.

Left Menu Icon