Honduras: las razones estructurales que mantienen al país como el más pobre de Centroamérica pese a años de crecimiento

A las puertas de nuevas elecciones, el país enfrenta pobreza crónica, fragilidad institucional y una economía incapaz de sostener avances. Huracanes, violencia y dependencia de remesas explican un estancamiento que persiste incluso tras una década de expansión.

 

Honduras vuelve a llegar a una elección presidencial bajo el peso de un dato que no se mueve: es el país más pobre de Centroamérica y el segundo más pobre de América Latina, solo por encima de Haití. Quien asuma la presidencia tendrá que administrar una nación donde seis de cada diez hogares viven en pobreza y casi cuatro de cada diez en pobreza extrema, en un contexto marcado por años de violencia, corrupción y desconfianza hacia las instituciones.

El panorama social es el resultado de una combinación persistente de factores. Aunque la economía hondureña creció de manera moderada en la última década, los avances no se tradujeron en mejoras profundas. La falta de diversificación, la informalidad, el deterioro educativo y la inseguridad jurídica impiden que el crecimiento económico se convierta en bienestar.
A mitad del reportaje, BBC News recuerda que la pobreza prácticamente no varió desde antes de la pandemia, pasando de 59,9% a 60,1%, pese a los esfuerzos oficiales.

Los últimos años fueron especialmente duros. La pandemia golpeó con fuerza, seguida por una crisis económica global y por los devastadores huracanes Eta e Iota en 2020, que arrasaron pueblos completos y dejaron a cientos de miles de personas sin hogar. Con el cierre de rutas migratorias hacia Estados Unidos y el fin de las caravanas multitudinarias, muchas familias quedaron atrapadas entre la falta de empleo y la precariedad cotidiana. Hoy, las remesas representan cerca del 25% del PIB, un sostén sin el cual la pobreza sería aún mayor.

El deterioro institucional también condiciona cualquier intento de transformación. La condena en Estados Unidos del expresidente Juan Orlando Hernández por delitos vinculados al narcotráfico fue un recordatorio de la profundidad de la corrupción estatal. Observadores como la OEA expresaron preocupación por la independencia del proceso electoral, en un país donde la confianza pública ha ido mermando durante décadas.

Expertos del Banco Mundial advierten que Honduras es extremadamente vulnerable a los “choques externos”: desde guerras que encarecen el petróleo hasta desaceleraciones en Estados Unidos que reducen remesas. Pero también es frágil ante fenómenos climáticos —huracanes y tormentas tropicales— que pueden borrar en semanas cualquier avance económico. Según estimaciones internacionales, solo Haití es más vulnerable al cambio climático dentro de América Latina.

En paralelo, los “choques sociales” —desconfianza, inseguridad, criminalidad y falta de cohesión— complican el clima para la inversión productiva. Empresas sin acceso al crédito, informalidad cercana al 70% y bajos niveles educativos conforman un círculo difícil de romper. Honduras no logra construir una base sólida para el desarrollo: avanza un año, retrocede al siguiente, y los beneficios no se distribuyen.

La economía creció en promedio 3,6% en los últimos 15 años, una tasa que sería aceptable si estuviera acompañada por mejoras en productividad y empleo formal. Pero, según investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, ese crecimiento “no ha generado un efecto perceptible en el bienestar de la población”. La falta de empleos de calidad y la debilidad del Estado de derecho siguen siendo obstáculos determinantes.

Para los analistas, cualquier gobierno que asuma —sea de izquierda o de derecha— enfrentará una tarea monumental: reducir la pobreza de manera sostenida en un país que lleva más de dos décadas atrapado en los mismos problemas. La prioridad, coinciden, debe ser reconstruir instituciones, atraer inversión, elevar los niveles educativos y garantizar políticas sociales efectivas que lleguen a los sectores más vulnerables.

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