Milei endurece su ofensiva cultural: rechaza un texto del G20 sobre “género” y limita al mínimo la presencia argentina en la COP30
El Gobierno redujo drásticamente la representación nacional en la cumbre climática de la ONU y objetó un documento del G20 sobre empoderamiento de las mujeres. Las decisiones reflejan la creciente tensión con la Agenda 2030 y la profundización del ala más ideológica del oficialismo.
El presidente Javier Milei profundizó su estrategia de confrontación con los organismos internacionales al definir una delegación mínima para la COP30, realizada en Belém, y al rechazar un documento del Grupo de Trabajo sobre Empoderamiento de las Mujeres del G20. Ambas decisiones consolidan el giro cultural que la Casa Rosada sostiene desde diciembre de 2023 en su disputa contra la Agenda 2030 y los marcos de cooperación global vinculados al clima y la igualdad de género.
Aunque el subsecretario de Ambiente, Fernando Brom, había manifestado su intención de participar en la cumbre climática, su viaje fue desestimado por el Ejecutivo. La orden del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, fue enviar únicamente una comitiva formal encabezada por funcionarias de Cancillería para cumplir con compromisos básicos. La presencia nacional se limitó a la directora de Asuntos Ambientales, Eliana Saissac, acompañada por dos funcionarias del área climática.
La decisión se alinea con la postura de Milei de negar el consenso científico sobre el calentamiento global y de rechazar la noción de desigualdad de género como categoría de análisis. En ediciones anteriores, el Gobierno ya había generado polémica al retirar su presentación en la COP29 y al afirmar que el cambio climático es “una mentira creada por el socialismo”. La tensión se incrementa porque funcionarios como Brom presentaron las metas climáticas del país bajo el Acuerdo de París, en un gesto que incomodó a sectores duros del oficialismo.
Según detalló Infobae, la cancillería argentina también adoptó una posición de ruptura en el G20 durante la discusión de un documento sobre el empoderamiento de las mujeres. La representante argentina en Sudáfrica, Bárbara Aubert Casas, rechazó el texto final de 46 puntos alegando diferencias sobre la interpretación del término “género”, para el cual el Gobierno se ampara en la definición estricta del Estatuto de Roma que reconoce solo “dos sexos, masculino y femenino”.
Además, la Argentina se opuso a párrafos que mencionaban las barreras estructurales que enfrentan las mujeres por el peso desproporcionado del trabajo doméstico y de cuidados no remunerados. El Ejecutivo justificó su desacuerdo en la imposibilidad de asumir nuevos compromisos presupuestarios y en su rechazo conceptual a vincular las responsabilidades de cuidado con limitaciones al desarrollo personal.
Federico Pinedo, sherpa del G20, defendió la postura oficial señalando que el Gobierno no acompañó el texto porque “no mencionaba a las mujeres como tales, sino como género”, y porque planteaba una mirada sobre el cuidado que el oficialismo considera equivocada. La declaración final del foro dejó constancia de que todos los países, salvo Argentina, aprobaron el documento.
El rechazo al lenguaje inclusivo y a la perspectiva de género es una política ya consolidada en la gestión libertaria, que inició con el cierre del Ministerio de Mujeres y continuó con la prohibición de su uso en la administración pública. Las definiciones del Presidente en el Foro de Davos, donde calificó las expresiones más extremas de la “ideología de género” como “abuso infantil”, marcaron uno de los puntos más controvertidos de su agenda cultural.
Con estas decisiones, la Casa Rosada profundiza su alineamiento ideológico y marca distancia de los foros multilaterales, incluso a riesgo de quedar aislada en debates internacionales clave, como los vinculados al cambio climático y los derechos de las mujeres.

